TEATROS DEL MUNDO

Ópera Actual continúa revisando la efervescencia que está viviendo la ópera en Rusia a través de la vitalidad de sus compañías. Este paseo por los teatros rusos, que en la edición anterior estuvo dedicado a los coliseos de San Petersburgo, mira ahora a Moscú y a algunas de las principales capitales de la Federación Rusa.

 

Elena KOLESNIKOVA
ÓPERA ACTUAL 172
(JULIO-AGOSTO 2014)

 

En ÓPERA ACTUAL­ 171 se ofrecía un análisis­ de la situación de los teatros rusos dedicados a la ópera, desde su modo de funcionamiento y financiación a las particularidades que ofrece la sociedad rusa ante una industria millonaria que da vida a 45 coliseos dedicados al teatro musical, 15 de los cuales cuentan con compañías fijas de ópera y ballet, coro, orquesta, talleres y servicios como residencias para los artistas. Todo ello en un sector que no escapa a las actuales perturbaciones económicas, aunque en Rusia los teatros siempre están prácticamente llenos gracias a la cultura general del país en materia musical y a una flexible política de precios: una entrada para la ópera es, como mínimo, un 20 por cien inferior a la media europea.
Después de revisar en detalle las compañías operísticas de San Petersburgo, tan diferentes entre sí pero que cuentan con el apoyo de un público fiel (Mariinsky, Teatro Estatal de Música de Cámara Sankt Peterburg Opera y Teatro Mijailovsky), ahora se presentan las moscovitas y las de algunas grandes ciudades de la inmensa Federación Rusa.
 
Bolshoi
El Teatro Bolshoi de Moscú es uno de los más legendarios no solo de Rusia, sino de todo el mundo. Fue inaugu­rado en 1776, aunque su emblemático edificio actual data de 1856; cuenta con una sala con capacidad para 1.200 personas y, al estar en Moscú, durante la época soviética se llegó a usar como sede de los congresos del Partido Comunista acogiendo incluso aquel que declaró la creación de la hoy desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Desde 2002 el Teatro Bolshoi cuenta con un nuevo escenario con un aforo de 900 localidades y que suplió las necesidades del coliseo durante las reformas que terminaron en 2012 y que causaron una gran polémica por su sobrecoste y por un diseño de interiores muy poco fiel al original. 
 
La larga historia del Bolshoi­ está ligada a músicos de talla de Sergei Rajmaninov o Feodor Chaliapin, quienes dedicaron su talento principalmente a este teatro y al público de la capital rusa. Por desgracia, muchas grandes voces que brillaron en la escena de Bolshoi durante los años 30 a 50 del siglo pasado, como el gran tenor ruso Serguei Lemeshev, por ejemplo, no llegaron nunca a conocerse en Occidente, aunque su leyenda siga viva en Rusia. La siguiente generación de solistas, con Elena Obraztsova, Vladimir Atlantov y Evgeni Nesterenko como referentes, sí pudo en cambio conquistar los grandes escenarios internacionales.
La compañía, con solistas, ballet, or­questa, coro, técnicos, administrativos y un largo etcétera en plantilla –ha llegado a contar con 2.000 trabajadores–, es una tremenda maquinaria de profesionales, una auténtica cantera de nuevas voces y posee unos cuerpos esta­bles de un altísimo nivel. Pero a pesar de ello, de su extensa temporada y de su imparable actividad, en lo que va de siglo el Bolshoi no ha podido encontrar un sitio en la escena internacional y en la actualidad no pasa por sus mejores momentos –si se compara con el renacer internacional del Mariinsky–, situación que se refleja en los cambios en la dirección del coliseo: hace pocos meses Tugan Sokhiev fue nombrado director artístico y general de la orquesta en sustitución de Vassily Sinaisky, quien estuvo solo un año en el cargo.
El Bolshoi cuenta con un repertorio anual de 28 óperas, entre clásicas y contemporáneas. En el pasado mes de abril, por ejemplo, el público pudo disfrutar de La Sonnambula, La Hechicera de Chaikovsky, Boris Godunov, El Príncipe Igor de Borodin, Tosca y La Travia­ta, una programación, como puede apreciarse, con marcado acento en los repertorios ruso e italiano. El teatro busca su camino ahora concentrado en atraer a profesionales extranjeros de renombre –en marzo cantó Carmen en ese escenario la mezzosoprano española Nancy Fabiola Herrera consiguiendo un gran éxito– y fusionando sus tra­diciones con la vanguardia, lo que se puede apreciar en las nuevas producciones de las obras clásicas rusas encomendadas a colaboradores algo radicales, como suelen ser las propuestas del director de escena Peter Konwitschny.
 
Teatro Stanislavsky
El Teatro Musical Académico de Moscú Stanislavsky y Nemirovich-Danchenko fue fundado en 1941 como resultado de la fusión de dos compañías de teatro musical perteneciente a los dos grandes reformadores rusos del género en el siglo XX, como fueron Konstantin Stanislavsky y Vladimir Nemirovich-Danchenko. Ambos habían sido, a su vez, los fundadores, en 1898, del Teatro del Arte de Moscú; el segundo, en 1919, fundaría además el Teatro Musical del Teatro de Arte, conocido a partir de 1929 como Teatro Musical Nemirovich-Danchenko. Hoy la compañía de este coliseo sigue siendo un gran laboratorio creativo –e incluye una escuela– que ayuda a los jóvenes cantantes líricos a perfeccionarse y también “a encontrarse a sí mismos” en el escenario. Después de las reformas realizadas en su sala en 2006, el Stanislavsky Nemirovich-Danchenko cuenta con unas modernas instalaciones con un aforo para 1.100 espectadores en un precioso palacio moscovita del siglo XVIII. Al timón está su director artístico, Alexander Titel, y el director general de la orquesta, Felix Korobov, ambos a cargo de una compañía de altísimo nivel en la que brilla con luz propia la soprano Hibla Gerzmava.
 
Hola
El repertorio del teatro consta de 26 óperas y refleja su esencia experimental combinando obras tan básicas como Lucia di Lammermoor o L’elisir d’amore con auténticas exquisiteces, como Le Cinesi y L’ivrogne corrigé, de Gluck, Socrate, de Satie o Le pauvre matelot, de Milhaud. Esta temporada el teatro ha realizado tres estrenos: Don Giovanni, y, mirando al bicentenario de Verdi y Wagner, Aida –en una producción de Peter Stein– y Tannhäuser.
 
Helikon Opera
La Helikon Opera de Moscú es una compañía independiente que ha conseguido llevar su nombre a varios teatros y festivales occidentales. “El objetivo del teatro es sorprender al espectador con frescura y atrevimiento”. Esta frase del fundador y director artístico del Helikon, el regista Dmitry Bertman, sigue siendo vigente 24 años después. La compañía se encuentra ubicada en un palacete en el que trabajó el director, actor y teórico teatral ruso Vsevolod Meyerhold, con una sala con capacidad para albergar 250 espectadores, aunque en este año se anuncia la apertura de un nuevo escenario. De las 12 óperas que la compañía posee en repertorio, durante el mes de abril se pudieron ver El caso Makropulos, Lulu, Un ballo in maschera, La finta giardiniera y La novia del zar, además del estreno de un nuevo montaje de El Ruiseñor, de Igor Stravinsky. A parte de su director general de orquesta Vladimir Ponkin, el Helikon colabora habitualmente con con maestros de la talla de Gennady Rozhdestvensky o Teodor Currentzis.
 
Como se ha dicho, la compañía moscovita ha venido teniendo una activa presencia en numerosos escenarios operísticos internacionales en los que ha ofrecido sus producciones, como los españoles Festival Castell de Peralada y Festival Internacional de Santander, el Bartok+ de Hungría, el Festival Leos Janacek de Brno en la República Checa, el de Savonlinna en Finlandia o el Festival Al Bustan de Beirut. La línea artística lucha por ser innovadora.
 
Ópera de Perm
El Teatro de la Ópera P. I. Chai­kovsky de la ciudad de Perm abrió sus puertas en 1870 y actualmente está dirigido por el joven y ya famoso director griego Teodor Currentzis, compañía que este curso llevó al Teatro Real de Madrid un ballet y su renovadora producción de The Indian Queen. La trilogía Mozart-Da Ponte, con dirección de escena de Peter Sellars,  que el teatro concluye este 2014, es una coproducción, precisamente, con el coliseo madrileño. Por otra parte, el coro y la orquesta MusicAeterna de la Ópera de Perm realiza numerosas giras fuera de Rusia gracias a las cuales ha podido consolidarse en el mercado internacional, siendo, además, el tercer teatro ruso en importancia en cuanto a ballet. Anualmente la Ópera de Perm acoge el Festival Diaguilev en honor del famoso empresario nativo de Perm que llevó el arte ruso por todo el mundo a comienzos del siglo XX, con especial hincapié­ en la ópera y el ballet. La Ópera de Perm cuenta con una sala para 1.020 espectadores que será totalmente reformada a partir de este año.
 
En la cartelera del teatro se pueden encontrar óperas de todas las épocas, desde El pequeño deshollinador (Britten), Le astuzie femminili (Cimarosa), L’Orfeo o Pimpinone (Telemann), hasta obras contemporáneas como Medeamaterial (Dusapin), títulos que comparten programación junto a los más habituales del repertorio italiano, una propuesta que refleja una línea artística que no se queda únicamente en el repertorio clásico.
 
Ópera de Novosibirsk
El Teatro Estatal de Ópera y Ballet de Novosibirsk fue fundado en 1931 y es uno de los teatros más grandes de Rusia, con capacidad para 1.744 espectadores. A su cabeza está el joven y ambicioso director letón Ainars Rubikis, ganador del Concurso Gustav Mahler de 2010, un músico que trabaja activamente en el extranjero. El cartel del coliseo siberiano es de lo más tradicional, con títulos como Rigoletto, Madama Butterfly, Tosca y así hasta las 31 óperas que conforman su repertorio, cinco de ellas dedicadas al público infantil. En abril pasado el teatro puso en escena Carmen y estrenó una nueva Traviata, esta última con la soprano de carrera internacional Veronika Dzhioeva como protagonista.
 
 
Ópera de Vladivostok
El Teatro Estatal de Vladivostok se inauguró en 2013, una estrella arquitectónica de esta ciudad cercana al Pacífico, a Corea, China y Japón. Cuenta con una acústica fenomenal y un equipamiento técnico a la altura del también novísimo Mariinsky II. Su sala principal fue diseñada para albergar a 1.580 espectadores. El director general y artístico es el también compositor Anton Lubchenko, quien ha trabajado en la Komische Opera de Berlín y en la Toronto Opera House. En la cartelera del pasado mes de abril proponía Aleko, de Rajmaninov, Pagliacci –con Vladimir Galuzin– y, por supuesto, la siempre presente en Rusia Evgeni Onegin
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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