ENTREVISTAS

Con el nombramiento de su nuevo director artístico todavía pendiente, el teatro de la zarzuela inicia la temporada con Galanteos en Venecia, de Barbieri, en escena entre el 10 y el 30 de octubre. La obra contará con la dirección musical de Cristóbal Soler y José Sanchís, mientras que la dirección escénica estará en manos de Paco Mir. En el reparto, además de José Antonio López o Carlos Cosías, destaca la presencia cada vez más habitual en el escenario madrileño de la mezzo Cristina Faus como la condesa Grimani.
 
 
Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 184
(OCTUBRE DE 2015)
 
 
Cristina Faus es una de las últimas jóvenes promesas del canto surgidas en la fructífera cantera valenciana. Ganadora del Concurso de canto Toti dal Monte en Italia, ese triunfo le permitió ser invitada por Alberto Zedda a integrarse en la Accademia Rossiniana de Pésaro. Desde entonces mantiene un paso constante en la evolución de su carrera artística, que no tiene intención de constreñir a ningún género ni compositor en concreto.
 
ÓPERA ACTUAL:Inaugura la temporada de La Zarzuela con la recuperación de Galanteos en Venecia. ¿Cómo ve la obra y su personaje?
Cristina FAUS:Barbieri es un compositor que me cautivó ya la temporada pasada con Los diamantes de la corona. Confieso que lo conocía poco e ignoraba su cuidado y su nivel de detalle en la escritura musical, tan cercana al bel canto italiano. Tampoco sabía de su vasta cultura y de su capacidad para el matiz. Galanteos es una obra preciosa que reúne todas estas cualidades, y el montaje de Paco Mir va a subrayarlo. Hay un equipo detrás excepcional, con un gran vestuario e iluminación, que es mucho más importante de lo que suele pensarse. Las batutas musicales no podían ser mejores y Cristóbal Soler tiene una sensibilidad y tacto especial con este tipo de música. Trabajar con él es muy sencillo. Mi papel en la obra es el de la Condesa Grimani, una mujer muy divertida y polifacética que maneja con soltura diferentes registros: a veces es una noble, a veces una espía.
 
Ó. A.:¿Realiza algún trabajo previo a la hora de afrontar nuevos personajes?
C. F.:Es una labor muy personal. Me gusta indagar sobre la época de la trama, de la composición, sobre las vidas del libretista y el compositor, revisar un poco las fuentes... Si el libreto sale de un libro, leo el original. La pregunta no es solo qué puedo ofrecer yo al personaje, sino qué me puede ofrecer el personaje a mí como aprendizaje de vida, no solo a nivel musical. Es un proceso de inmersión que disfruto mucho, pero sin querer excederme, porque esa forma de encarnarse en un papel tiene mucho de adicción. Así que al acabar la obra procuro que el personaje se quede durmiendo en el camerino del teatro.
 
Ó. A.:Nombre una figura que haya marcado su trayectoria artística.
C. F.:Rafael Frühbeck de Burgos. Hubo un antes y un después.
 
 
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“Barbieri me cautivó con Los diamantes de la corona. Confieso que lo
 
conocía poco e ignoraba su cuidado y su nivel de detalle en la escritura
 
musical, tan cercana al bel canto italiano”
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Ó. A.:¿Cómo inició su periplo hacia los escenarios?
C. F.:Mi primer centro de formación, antes que cualquier conservatorio, fue el Palau de la Música de Valencia. En mi casa la música siempre se ha vivido como un síntoma de libertad y mis padres, que eran músicos de banda, la tuvieron siempre muy presente. La primera vez que escuché a una orquesta sinfónica fue en el Palau a los once años con mi padre, y pensé: “¿cómo puede sonar así eso de ahí?”. Formalmente, inicié mi formación en el Conservatorio de Valencia, estudiando violonchelo y más adelante Magisterio musical. Cuando aprobé la oposición de maestra entendí que necesitaba educarme la voz –en un sentido más profesional que artístico– y decidí estudiar canto. A partir de ahí no dejé de acudir a todos los cursos y masterclasses que me fueron posibles, en particular los de Elena Obrastzova, que en esa época venía mucho a España. Lo que empezó por “me educo la voz” acabó como “dejo el colegio”, e ingresé en el Coro de la Generalitat, en el que estuve seis años, para abandonarlo posteriormente en busca de nuevas perspectivas artísticas.
 
Ó. A.:Si se analiza su trayectoria, tal vez la palabra que la resuma sea versatilidad...
C. F.:La verdad es que me gusta todo el repertorio, no soy persona de gustos especializados o demasiado fiel en ese sentido; pero estudio a conciencia cada partitura. No desperdicio una oportunidad de hacer Händel, Bach o Vivaldi, porque son una escuela de aprendizaje inmejorable.
 
Ó. A.:En ese gusto múltiple, ¿tiene la zarzuela un espacio preponderante?
C. F.:En realidad mis participaciones han sido elecciones basadas en propuestas concretas. Indudablemente me gusta la zarzuela, pero no hay una intención, digamos, estética, de seguir un camino concreto por ahí. Adoro también los recitales, los conciertos sinfónicos o los oratorios. Es un lujo llevar varias temporadas colaborando en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, y más con títulos como Los diamantes de la corona Curro Vargas, pero no es ni mucho menos un intento de especialización.
 
Ó. A.:Con todo, se le reconoce como una gran rossiniana.
C. F.:En mi maleta–metáfora de carrera, metáfora de proyectos– siempre hay un rossini. Hay proyectos importantes en ese sentido que espero se vayan materializando en breve. La frescura, la extensión vocal de la tesitura, el humor... Siempre han congeniado muy bien con mi voz. Y me gustaría que este trabajo en Rossini fuera la antesala de, por ejemplo, un buen Verdi. Cuando me escuchó Alberto Zedda hace ya unos años me dijo: “Si consigues cantar un buen Rossini, serás una buena verdiana”. Todo me va llevando por ahí. Y me doy cuenta de que el gran maestro es el repertorio. Un buen itinerario hace que tu voz funcione cada vez mejor y evites excederte más allá de lo que permiten tus facultades. Cuando empecé no llegaba ni a una octava de extensión y con el tiempo vas asimilando compositores y hay un enorme gozo cuando te ves cantando arias que antes ni imaginabas.
 
Ó. A.: ¿Qué proyectos inmediatos tiene en su agenda?
C. F.:De aquí a final de año, además de Galanteos, estaré en el Palau de Valencia haciendo una Novenade Beethoven, iremos con los Diamantes al Maestranza de Sevilla y a Omán con ¡Viva Madrid! No voy a aburrirme... 
 
www.cristinafaus.es
 
 
 
 
 
 
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