ENTREVISTAS

Aún reciente su debut en el Teatro Real con Goyescas, Guillermo García Calvo se está convirtiendo en un rostro habitual en los escenarios españoles a cargo de espectáculos como el Curro Vargas del Teatro de La Zarzuela o la gala del 50º aniversario de la ORTVE.
 

Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 183
(SEPTIEMBRE 2015)


El director español Guillermo García­ Calvo (Madrid, 1978) revisa desde el curso pasado en la Ópera de Oviedo la Tetralogía wagneriana, una proeza a la que muy pocos maestros llegan tan jóvenes. Formado y curtido en Viena, en cuya Staatsoper ha dirigido una decena de títulos, despidió el pasado curso del Teatro Real de Madrid con Goyescas, experiencia que califica como “muy emocionante. Ya es especial debutar en este teatro, pero más para mí, que soy madrileño. Desde el primer ensayo hasta la última función todo fue muy emotivo. Se trataba, además, de una partitura muy breve pero compleja, que requiere de muchísima atención. La orquesta posee un sobresaliente nivel técnico y sus músicos la maleabilidad propia que da el foso. Ha sido muy fácil trabajar con ellos y también con el coro y su director, Andrés Máspero, que exigía un altísimo grado de compromiso. Espero volver para hacer un título escenificado, ya que estas Goyescas eran en versión de concierto”.

ÓPERA ACTUAL: Su formación vienesa está dando muchos frutos y ahora dirige más en España. ¿Cómo planificó su carrera desde sus inicios?
Guillermo GARCÍA CALVO: Más bien surge de mi decisión de estudiar en Viena, teniendo la oportunidad de trabajar desde muy pronto en la ópera, primero como pianista y luego codirigiendo. En una primera fase solo procuré convertirme en un buen director, en hacerme con el repertorio. Entré a la Staatsoper con 25 años, y me estrené con una nueva producción de Parsifal. Esos años fueron una escuela esencial en la cual hice más de 50 títulos, algunos de ellos muy complicados –a caballo entre Viena y Berlín– pero pensando siempre en que aquello que hacía entonces iba a repercutir favorablemente cuando volviera a dirigir a mi país.


Ó. A.: ¿Quiénes fueron sus maestros durante esos años?
G. G. C.: De quien aprendí los cimientos del trabajo de ensayo fue de Ivan Fischer, con quien estuve dos años trabajando en Budapest. Tiene un dominio total de ese lenguaje, sabe cómo combinar instrumentos o cómo modificar un tempo para aportar un color determinado, además de trasladar el fraseo de los instrumentos originales a las orquestas modernas de una manera excepcional. Es flexible y entiende el rubato como una herencia necesaria del folclore popular. Él me dio mucha confianza. Luego trabajé con Christian­ Thielemann, un director con una per­sonalidad hipnótica y una manera única de dirigir con la mirada. Con él experimenté lo que era dar rienda suelta a la intuición, a vivir el momento y a manejarme con mayor libertad expresiva. La tercera influencia sería Daniele Gatti, con quien trabajé en tres óperas. Es un virtuoso de la dirección que consigue el sonido exacto que pretende y planifica, con gran capacidad de transmisión y una gestualidad muy bien desarrollada. Tras una preparación tan minuciosa de las partituras impresiona ver cómo consigue transmitir a los músicos una fuerza arrolladora.


Ó. A.: Al revisar su trayectoria, da la sensación de que Wagner acompaña cada escalón importante de tu carrera.
G. G. C.: Siempre me ha fascinado porque es quien mejor rompe géneros y esquemas: es más que un compositor, arquitecto o filósofo. Sus dramas musicales son óperas, pero también algo de mayor entidad, con mensajes más trascendentales. Es un artista que juega con los extremos, paseándose por el borde del abismo tonal, por los bosques más oscuros para ver aquello que no había visto nadie más. Supongo que será por eso por lo que cada momento decisivo de mi carrera ha estado acompañado de su música. Mi tesis fue Parsifal, mi examen fin de carrera Tannhaüser, con Die Walküreme estrené como asistente de Iván Fischer y con Tristan en Oviedo, allá por 2010, inauguré mi actividad operística en España. Wagner ha sido un Leitmotiv en los momentos decisivos de mi vida.


Ó. A.: Debutar con una partitura de las dificultades de Tristanes de por sí una declaración de intenciones...
G. G. C.: Me llamaron a raíz de la cancelación de Friedrich Haider. Era una ocasión muy emotiva porque fue precisamente él quien me dio la oportunidad de dirigir un concierto en España en 2006. Yo había trabajado Tristan con varios directores y la orquesta ya había pasado la partitura con anterioridad. En una primera toma de contacto ya nos vinculamos de una forma muy intensa, así que me lancé, no sé si por inconsciencia juvenil. Allí comenzó mi idilio con esa ciudad: Oviedo es fascinante, como una pequeña Viena en cuanto a su implicación musical. De aquellos inicios mágicos y muy exigentes llegó el proyecto de la Tetralogía que dirijo en el Campoamor, ahora con Die Walküre. Este Ringes un proyecto ambicioso y está muy bien planificado. Das Rheingold fue una experiencia muy buena, ya que significó un momento importante en la ciudad en lo musical y en lo social, con gran éxito para todos. Para Die Walküre, que estrenamos en unos días, tenemos la suerte de contar con un reparto de primer orden y un plan de ensayos muy amplio, gracias a que la gerencia de la orquesta nos ha dado la mayor de las facilidades. Por mi parte, antes de reencontrarme con la orquesta, he ido trabajando en la interiorización de la partitura y en su instrumentación, durante cerca de un año. Antes ya la había tenido que estudiar en Bayreuth con Thielemann. El compañerismo y la atmósfera tan especial que viví cuando estuve trabajando en el Festival wagneriano los llevo muy presentes para la Walküre de Oviedo. 


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“Oviedo es fascinante, como una

pequeña Viena en cuanto a su

implicación musical”

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Próximos conciertos


Esta temporada el maestro García Calvo debutará con la Orquesta y Coro Nacionales de España. En cuanto a ópera, en enero de 2016 dirigirá Goyescas y El amor brujo en Florencia y en febrero regresa a la Ópera Nacional de Bucarest con Turandot. En mayo dirigirá Elena e Malvina con la ONE, programa que también grabará en CD. Ese mismo mes vuelve a Bucarest con Peter Grimes, de Britten. Además dirigirá a la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino (febrero) y, en el Palais Garnier de París, una velada del Ballet de la Opéra (abril). Pero antes le esperan:


Die Walküre:10, 13, 16 y 19/IX

Teatro Campoamor de OviedoS. Skelton, L. Li, T. Tómasson, N. Beller Carbone, E. Matos, M. Breedt, I. Rodríguez, R. Lojendio, C. Faus, M. L. Corbacho, M. Ortega. Dir. esc.: M. Znaniecki
L’elisir d’amore:25 y 28/IX y 1 / X

Wiener StaatsoperV. Nafornita, S. Pirgu, D. Pershall, A. Sramek.Dir. esc.: O. Schenk
Il Barbiere di Siviglia:29/IX y 3 / X

Wiener StaatsoperJ. Camarena, P. Rumetz, A. Brower, C. Maltman, R. S. Green.Dir. esc.: G. Rennert y R. Bletschacher
Concierto OCNE:23, 24 y 25/X

Auditorio Nacional de MadridObras de Schreker, Humet, Liszt. O. y C. Nacionales de España. J. Dürmüller, tenor.

 

 
 
 
 
 
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