REPORTAJES

Cuando poco después de 1950 llegó a manos de María Moliner un ejemplar del Learner’s Dictionary of Current Englishde  A. S. Hornby, la historia de la lexicografía española daría un salto  cualitativo: quince años más tarde aparecía un diccionario realizado por la filóloga y que actualizaría el concepto y el nivel de profundidad de este tipo de obras. El madrileño Teatro de La Zarzuela, tomando el proyecto de Paco Azorín, estrena en abril una ópera-documental basada en su figura, con María José Montiel en el papel protagonista, música de  Antoni Parera Fons y libreto de Lucía Vilanova.
 
 
 
Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 190
(ABRIL 2016)
 
 
 
La figura de María Moliner concita hoy en día un respeto casi unánime, por su labor de recolectora semántica en un primer término, y como ejemplo vital de lucha en segundo: mujer de ideología de izquierdas y realidad social franquista, hubo de construir su diccionario desde la cocina de su casa, sin más apoyo que sus fichas y una máquina de escribir. Pensó más en el aprendizaje de los humildes que en el cultivo de las élites, y quedó por ello a las puertas­­ de ser la primera mujer en la historia aceptada en la Real Academia Española. Para Antoni Parera Fons, el compositor de la música de la ópera María Moliner o el jardín de las palabras, la justificación de la obra es inmediata: “Es un proyecto que me propuso Paco Azorín hace cinco años que y que acepté de inmediato”, declaró a ÓPERA ACTUAL. “El personaje tiene una serie de elementos dramáticos fascinantes y que son absolutamente necesarios a la hora de construir y desarrollar una buena trama: Moliner nació en 1900, y vivió siendo mujer, intelectual y de izquierdas. Su vida era únicamente viento en contra, con una realidad que estaba repleta de adversarios (incluyendo a su marido) y a los que tuvo que sobreponerse sin estruendos”.
 
 
 
La obra se desarrolla en diez escenas no ordenadas de forma cronológica, pero que van desde la génesis del diccionario en 1951 hasta los momentos de mayor pérdida de memoria de la protagonista, en 1974, cuando la arterioesclerosis cerebral que desarrolló los últimos años de su vida la arrastraba sin remedio. “Es una ironía del destino excepcionalmente cruel que la señora de las palabras muera sin ellas, vacía de memoria”, continúa Parera Fons. “Se quedó en el puro silencio, y por ello en la ópera no se canta un número final, sino que se acaba descantando un aria. Más allá de este caso, el lenguaje musical que he querido dar a la composición estaba libre de etiquetas porque a nivel creativo dependo en exclusiva de la circunstancia y de adónde te lleva la propia trama: lo tonal, atonal o politonal surgirá por sí solo”.
 
 
 
Ternura, ilusión, injusticia
 
El peso de la partitura en lo que a voces se refiere se sustenta en María José Montiel, que permanece en escena interpretando a María Moliner buena parte de las cerca de dos horas de duración de la obra. La mezzosoprano madrileña reflexiona sobre su papel: “Para acercarme a este personaje tan complejo como apasionante he hecho algo que consideré necesario a la hora de prepararme: transitar por las fuentes literarias e imbuirme del entorno histórico. Y me he instruido a conciencia, porque me siento una privilegiada formando parte de este acto de reivindicación que es esta ópera, que me da la oportunidad de poner voz a una mujer llena de matices, entre la ternura, la ilusión y la injusticia. Trabajar con Parera Fons ha supuesto además un proceso de enriquecimiento inigualable, aportando mi granito de arena para plasmar la esperanza, emotividad o melancolía que emanan del libreto escrito por Lucía Vilanova”.
 
 
Diseños de escenografía de Paco Azorín para María Moliner
 
 
La ópera no solo trata de María Moliner, sino también de la importancia del lenguaje y la vocación por la palabra. De la obsesión por definirlas y proporcionar un espacio neutral en el cual no se pueda malversar su significado proviene el componente político, social o cultural de la ópera. Las dos Españas de Machado acaban siendo un personaje más en la trama. Paco Azorín, director de escena, escenógrafo e ideólogo del proyecto comenta en ese sentido: “El atractivo para mí partía de que María formaba parte de esa categoría de mujeres del siglo XX que tuvieron un peso esencial en la república. La puesta en escena que propongo tiene una doble lectura: la simbólica, donde el escenario no es otra cosa que el senado de las palabras o una torre de babel, con una gran estructura que recoge las 67.000 palabras que recopiló en los dos volúmenes de su diccionario; y por otro, la lectura realista, representando la fractura de las dos Españas mediante una estructura metálica que cuando se abre genera una gran grieta. Y eso viene al caso porque una de las verdades últimas que propone la ópera está relacionada con la división irreconciliable de este país cainita. El proceso que explica como el encierro de esta mujer deviene en la decisión quimérica de hacer el diccionario es lo que me interesa”.
 
 
 
 
El Teatro de La Zarzuela, pródigo en recuperaciones y novedades en estos últimos años, apuesta ahora por el encargo de una nueva composición que rompe con el arquetipo de programación y público que se le achaca. “Esta es una ópera de verdad, con toques poéticos y una música asumible para cualquier tipo de público, con una estética contemporánea” recalca Paco Azorín. “Para el Teatro de La Zarzuela puede suponer un reto, pero estamos convencidos de que es el lugar ideal en el cual se tiene que ampliar el repertorio con compositores españoles, y de forma habitual”. María Moliner se podrá ver los días 13, 15, 17, 19 y 21 de abril con dirección musical de Víctor Pablo Pérez y un reparto que se completa con Cristina Alunno, Fernando Ramón y Gabriel Bermúdez.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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