Musika-Música
Diversos conciertos y recitales con obras de Mahler, Dvorák, Janácek, Smetana y Sarasate. Con María Espada, María José Montiel, Miah Persson, Marta Infante, Hermine Haselböck, Miren Urbieta-Vega, Fernando Latorre, Katie Stevenson, Gustavo Peña, Olatz Saitúa, Ainhoa Zubillaga, Jonathan McGovern, Stefan Vinke, Elena Copons. Sociedad Coral de Bilbao; varios ensembles, orquestas y directores. Palacio  Euskalduna, del 2 al 5 de marzo de 2017.
 
La 15ª. edición de Musika-Música estuvo dedicada a Bohemia, con la música de compositores como Mahler, Dvorák, Janácek y Smetana, a la que se añadió la compuesta por autores como Sarasate. El resultado fue sobresaliente: las salas llenas, más de treinta mil espectadores, mucha más juventud de lo esperable en pura música clásica y sobre todo –aun con niveles diversos, naturalmente– buenos intérpretes en acertados programas.
 
Para la inauguración, que no pudo ser más brillante, un plato fuerte: la Sinfonía n. 2 Resurrección de Mahler, que corrió a cargo de la Sinfónica de Bilbao, con el concurso de la Sociedad Coral, de la soprano María Espada y de la mezzo María José Montiel, todos bajo una dirección formidable, verdaderamente magistral, de Yaron Traub. Este demostró que esta Orquesta puede actuar como un excelente conjunto. Fue una dirección la suya plena de fraseo, de matices, de detalles y a la vez de grandezas. Espada y Montiel cumplieron muy bien sus cometidos, pero fue la Sociedad Coral quien hizo una demostración de buen cantar con unos pianissimi etéreos pero seguros y unos forte contundentes y afinados, siempre guiados por la mano maestra de un director más que inspirado.
 
El segundo concierto tenía al director Thierry Fischer como uno de los protagonistas. El músico suizo mostró gran técnica y musicalidad al definir con nitidez los muchas veces densos y borrosos pasajes sonoros de Mahler, logrando aun con una Orquesta de Euskadi que no estuvo más que correcta, una lúcida versión de la Sinfonía n. 4 del bohemio. La versión ofrecida  tomó espléndido vuelo con la impresionante intervención de Miah Persson, una soprano fuera de serie que pareció cantar desde dentro del especial ámbito poético y aural mahleriano: una irreprochable combinación de belleza en la voz, expresión y línea de canto.  
 
A lo largo del fin de semana no solo el Palacio Euskalduna acogió actividades del festival. Una serie de recitales vocales e instrumentales –el que menos, original y atractivo– se desarrollaron en otras salas de la ciudad. La leridana Marta Infante, acompañada de Jorge Robaina, mostró su dominio del checo en un primer recital monográfico dedicado a Dvorák con las Canciones bíblicas, las Canciones gitanas y las Canciones de amor; en una segunda sesión interpretó las canciones del manuscrito de Dvür Kralové y las Canciones del Atardecer de Smetana, siempre con dicción natural y acertada expresión.
 
Miren Urbieta-Vega, joven soprano sin duda en ascenso, ofreció un precioso recital con Mahler, Smetana y Dvorák con el concurso del excelente Rubén Fernández Aguirre al piano. Pero su lucimiento llegó con el Stabat Mater de Dvorák interpretado con Gustavo Peña y la Sociedad Coral: con esa obra pudo lucir su bella voz, su expresividad y su proyección, que corría con naturalidad sobre la Orquesta del Principado de Asturias que dirigió Perry So. También con la misma Orquesta y director ofrecieron la mezzo Hermine Haselböck las mahlerianas Canciones del caminante, y la muy rometedora mezzo inglesa Katie Stevenson los Kindertotenlieder
 
Participaron el resto de solistas en varios de los 75 conciertos, recitales y talleres, de los que es de justicia señalar la impactante versión de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák por la Sinfónica de Galicia en estado de gracia bajo la batuta de Dima Slobodeniouk, y los simpatiquísimos conciertos –en los atrios abiertos– de las orquestas de los Conservatorios de medio norte de España.  * José Miguel BALZOLA
 

 
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