Bayerische Staatsoper
Rossini Semiramide
Joyce DiDonato, Daniela Barcellona, Alex Esposito, Lawrence Brownlee. Dirección: Michele Mariotti. Dirección de escena: David Alden. 3 de marzo de 2017.
 

Alex Esposito, Joyce DiDonato y Daniela Barcellona, protagonistas de Semiramide en Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl.
 
Semiramide, la última ópera que Rossini escribió para un escenario italiano, supone –más allá de sus imponentes dimensiones– un reto considerable para toda compañía que quiera programarla; un reto que la Ópera Estatal de Baviera resolvió de forma brillante, de entrada reuniendo un cast excepcional. El primer reclamo era el debut en el papel de la reina de Babilonia de Joyce DiDonato: la nitidez en las agilidades y la intensidad del fraseo fueron algunas de las armas empleadas por la mezzosoprano norteamericana en una encarnación fascinante de principio a fin; DiDonato tradujo con los acentos siempre apropiados la evolución del personaje, de reina segura de sí misma a mujer enamorada y, finalmente, madre abrumada por el remordimiento. La dureza puntual de algún agudo fue una anécdota ante esta Semiramide bien arropada tanto por Daniela Barcellona –experimentada Arsace que, pese a la asunción de roles más dramáticos, mantiene la flexibilidad necesaria para Rossini– como por el imponente Assur de Alex Esposito. El bajo italiano hizo toda una creación, tanto vocal como escénica, del pérfido personaje, culminando en una espléndida escena de la locura. Aunque solo conservó una de las dos arias del anecdótico Idreno, Lawrence Brownlee deslumbró con su virtuosismo y sus agudos, mientras que Simone Alberghini dio un relieve inusitado a Oroe. Michele Mariotti no se dejó amedrentar por la arquitectura de la obra, ofreciendo una lectura de noble amplitud, dejando espacio para que las voces se desplegaran con facilidad sin excluir un energético impulso en los momentos necesarios.
 
Coproducido con la Royal Opera de Londres, el montaje de David Alden se sitúa en un indeterminado régimen autoritario musulmán, a caballo entre Oriente Medio y Asia Central; un estado militar sobre el que planea la sombra bien visible del asesinado Nino. Una enorme estatua del dictador y diversos retratos son los elementos más visibles del decorado de Paul Steinberg, con sus paredes móviles que agilizan una acción con la que Alden, pese a algún toque humorístico sobrero –la coreografía india del aria de Idreno–, caracteriza con lucidez las motivaciones de los personajes. * Xavier CESTER
 

 
 

 
 
 
 
 
 
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