CRÍTICAS

Washington National Opera
Heggie, DEAD MAN WALKING
Kate Lindsey, Michael Mayes, Susan Graham, Jacqueline Echols, Timothy J. Bruno, Clay Hilley, Wayne Tigges, Kerriann Otaño, Robert Baker, Daryl Freedman, Michael Adams, Andrew Bogard, Matthew Hill, Simon Diesenhaus, Rebecca Brinkley, Dylan Jackson, Joe Isenberg. Dirección: Michael Christie. Dirección de escena: Francesca Zambello. 25 de febrero de 2017.

Michael Mayes (Joseph De Rocher) y Kate Lindsey (Sister Helen Prejean), protagonistas de Dead Man Walking © Washington National Opera / Scott Suchman
 
Casi dos décadas han pasado desde que la compañía de la Ópera de San Francisco presentó Dead Man Walking en el 2000. Desde entonces ha sumado casi trescientas representaciones en cinco continentes pasando a ser una de las óperas más populares norteamericanas. Su estreno por la WNO ha celebrado cincuenta producciones de la ópera y se ha unido a las celebraciones del centenario del presidente John F. Kennedy, una de las voces más significativas en oposición a la pena de muerte. El tema sigue vigente en un país en el que todavía se practica esta condena en treinta y un estados y las reacciones a su práctica son muestra de la profunda división en el sector político y en la sociedad en general.
Para esta ópera, el compositor Jake Heggie y el libretista Terrence MacNally recurrieron a la novela autobiográfica homónima de Helen Prejean, en la que también se basó la excelente película de Tim Robinson protagonizada por Susan Sarandon y Sean Penn. El argumento narra la compleja relación de una monja (Sister Helen) y un preso en el corredor de la muerte, Joseph De Rocher, al que es asignado como consejera espiritual. La nueva producción de Francesca Zambello, que contó con el beneplácito –y la presencia en el estreno– de la propia Helen Prejean, se desarrolló como un tríptico enmarcado por la brutalidad de la escena inicial en la que discurre la violación y el asesinato de una pareja de jóvenes y por la descarnada escena final –casi ralentizada– de la muerte de De Rocher por inyección letal recreada de manera fidedigna. Entre ambas escenas, la tensión del drama recayó en los diálogos de la monja y el preso y en la no menos dramática reacción de las familias del recluso y de las víctimas. La dirección de escena remarcó esta misma fórmula, con elaborados y realistas escenarios para la escena del crimen y la muerte del preso, dejando una austera pero efectiva plataforma de metal que sirvió como fondo para la prisión y el convento.
El elenco cumplió de manera notable con el alto nivel de exigencia dramática de la ópera, pero su rendimiento a nivel vocal no fue tan homogéneo. Michael Mayes destacó en ambas facetas como un torturado Joseph de Rocher, dándose al máximo en la escalofriante escena final. Kate Lindsey se desenvolvió bien en el difícil papel de Sister Helen, pero resultó plana en la proyección de la voz, sobre todo ante la imponente presencia vocal de la mezzosoprano Susan Graham, como la madre de De Rocher, cuyas intervenciones se hicieron esperar a lo largo de la noche. Del resto del extenso reparto destacaron las voces de la soprano Jacqueline Echols como Sister Rose y el tenor Clay Hilley en su debut con la compañía como Father Grenville. No faltaron las voces de los jóvenes cantantes del programa Domingo-Cafritz con resultados sobresalientes en el caso de la mezzosoprano Daryl Freedman y de la soprano Kerriann Otaño. Bien, aunque sobreactuado, el coro masculino, y refrescante y muy cuidado el coro de niños y niñas de la WNO, cuya participación fue clave para aliviar la tensión de la trama. Desde el podio, Michael Christie, dirigió por vez primera pero con batuta certera a la orquesta de la WNO. * Esperanza BERROCAL

 
 
 
 
 
 
 
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