CRÍTICAS

Staatsoper
Berg LULU
Barbara Hannigan, Anne Sofie von Otter, Marta Swiderska, Matthias Klin, Ivan Ludlow, Jochen Schmeckenbecher, Sergei Leiferkus, Peter Lodahl. Dirección: Kent Nagano. Dirección de escena: Chtistoph Marthaler. 22 de febrero de 2017.
 
Christoph Marthaler firmó la puesta en escena de esta nueva Lulu © Staatsoper de Hamburgo
 
Esta nueva producción de Lulu, genial en muchos aspectos, no resultó totalmente acertada en su conjunto. Christoph Marthaler, en colaboración con el Dramaturg Malte Ubenauf, propuso una lectura radicalmente nueva de la última ópera de Berg. En el prólogo hizo aparecer a los personajes masculinos como si de sonámbulos se tratara y los alinea uno al lado del otro únicamente vestidos con ropa interior. Eran todos iguales, como marionetas sin personalidad. La misma Lulu aparece como una muñeca mecánica presa de agitaciones continuas pero sin voluntad ni sentimientos propios, que seduce a los hombres sin saber cómo ni por qué, hasta acabar al fin víctima ella misma de una realidad sin sentido. Todas sus acciones son inmotivadas, incomprensibles y ridículas; absurdas, en una palabra. Representación despiadada de una fauna humana que ha perdido todo sentido de la realidad, incluido el instinto sexual, que en cambio en el texto de Wedekind está en el origen de todo.
 
Kent Nagano transformó esta partitura de colores ásperos y de exasperado dramatismo en una máquina orquestal que se hizo admirar por su perfecto funcionamiento, su lucidez y su elegancia, pero que perdió su violencia expresionista originaria. El equipo Nagano-Marthaler-Ubenauf propuso una solución nueva para la inacabada Lulu, de la que Berg solo pudo completar dos actos dejando inconcluso el tercero, con la orquestación apenas indicada. Por regla general se opta por la solución Cerha, que completó la partitura en 1979, pero en esta ocasión se prefirió ejecutar solo lo que Berg había realmente compuesto confiando la parte instrumental a un piano y un violín; esta elección no funcionó en el teatro, con un tercer acto que así solo quedó abocetado. Totalmente gratuita, por cierto, la idea de interpretar como epílogo de la obra el Concierto para violín del propio Berg, una obra maestra pero aquí fuera de contexto y responsable, además, de la extrema duración de un espectáculo que al final rebasó las cuatro horas.
 
El reparto vocal reunido por la Ópera de Hamburgo fue de altísimo nivel. Barbara Hannigan desempeñó con total desenvoltura la dificilísima parte de la protagonista, realizando al mismo tiempo todas las acrobacias que Mathaler le pidió en escena. Anne Sofie von Otter, aun no teniendo mucho que cantar como Condesa Geschwitz, supo imponer su magnética presencia. Los numerosos papeles masculinos constituyeron un conjunto homogéneo y perfecto. Merecen una mención especial Matthias Klink (Alwa), Ivan Ludlow (Domador y Atleta), Jochen Schmeckenbecher (Dr. Schön y Jack el Destripador) y Sergei Leiferkus (Schigolch). * Mauro MARIANI
 
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