CRÍTICAS

Staatsoper
Verdi OTELLO
Kristian Benedikt, Carlos Álvarez, Olga Bezsmertna, Monika Bohinec, Jinku Xiahou, Alexandru Moisiuc. Dirección: Marco Armiliato. Dirección de escena: Christine Mielitz. 16 de febrero de 2017.
 
Kristian Benedikt y Carlos Álvarez, Otello y Iago en Viena © Wiener Staatsoper / Michael Pöhn

En esta serie de representaciones de esta obra maestra verdiana dos de los tres cantantes principales anunciados tuvieron que ser sustituidos. Peter Seiffert fue reemplazado en el papel protagonista por Kristian Benedikt, tenor lituano que efectuaba su debut en la casa y que fue aclamado por buena parte del público. También Véronique Gens, que había participado en algunos ensayos, tuvo que renunciar al papel de Desdemona a favor de Olga Bezsmertna. Benedikt, que ha interpretado ya Otello en muchos teatros internacionales de primer nivel, no pasó de un rendimiento ordinario en los planos actoral y canoro, aunque debido al componente lírico de su voz pudo hacerlo sin necesidad de recurrir al rugido. Tampoco la acústica derivada de esta producción le facilitaba, por otra parte, el dramatismo vocal; los agudos eran emitidos con solidez pero, con la única excepción del “Dio mi potevi” del tercer acto, hicieron poco efecto. Bezsmertna es miembro de la compañía y fue una Desdemona adecuada: con una voz de soprano poco significativa y escasa de color, puede ser considerada como una sustituta correcta pero poco relevante en los tres primeros actos. En el cuarto, en cambio, pudo ofrecer lo mejor de sí misma con un Salce y una Ave Maria bien resueltos.
Habida cuenta de estas circunstancias no tuvo problemas Carlos Álvarez para dominar la representación; como Iago su compacta y oscura voz de barítono, su fuerte personalidad y su extraordinaria convicción como actor contribuyeron a ello. Monika Bohinec fue una muy buena Emilia, Jinxu Xiahou cantó bien como Cassio y Peter Jelosits fue solo un Roderigo sin distinción. El bajo Alexandru Moisiuc fue un Lodovico de excesiva dureza.
Marco Armiliato dio la impresión de favorecer en exceso el volumen, pero la orquesta supo generar la tensión que –con la ya citada excepción de Álvarez– faltaba en escena. Por otra parte, es difícil para un director gestionar una función de una ópera como esta en que al tenor le falta el poder vocal suficiente.
Lo peor de la representación fue, una vez más, la puesta en escena de Christine Mielitz, que ni garantizaba emociones fuertes ni la tensión necesaria. El año próximo este montaje será sustituido por una nueva producción que verá como protagonistas vocales a Aleksandrs Antonenko y Roberto Alagna. * Gerhard OTTINGER
 
 
 
 
 
 
 
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