Teatro Massimo
Verdi  MACBETH
Anna Pirozzi, Giuseppe Altomare, Vincenzo Costanzo, Marko Mimica, Manuel Pierattelli.
Dirección: Gabriele Ferro. Dirección de escena: Emma Dante. 25 de enero de 2017.
 
Macbeth, en la visión de Emma Dante © Teatro Massimo / Franco Lannino
 
El fondo del escenario estaba inmerso en una oscuridad total, tan impenetrable como la profundidad del inconsciente del que surgen las pulsiones que impulsan a los protagonistas a llevar a cabo sus atroces actos. Hacia el proscenio, iluminado por franjas de luz que recordaban los cuadros de Caravaggio, Emma Dante colocó una serie de potentes imágenes de gran impacto emotivo. En la primera escena las brujas se unieron a otros seres diabólicos en una especie de ceremonia infernal. Macbeth entró en escena a lomos –como en las imágenes medievales de la muerte– del esqueleto de un caballo colosal. Para ahorrar espacio cítese solamente otra de dichas imágenes, la más emocionante: en el final del primer acto el cadáver del rey entró en escena llevado por un grupo de mujeres llorosas, como en una vieja representación sacra de la pasión de Cristo. Hay imágenes menos felices, como esos enormes falos de guardarropía de los demonios y los alumbramientos de las brujas que distraen totalmente de la música, o que el bosque de Birnam sea una agrupación de cactus, planta propia de Sicilia pero no de Escocia, en una especie de ironía quizá involuntaria pero evidentemente fuera de lugar. Con todo, y en un espectáculo que dura tres horas, siempre hay alguna cosa que no acaba de funcionar, sin que ello comprometa el buen resultado del conjunto.  
La dirección de Gabriele Ferro puso en valor los colores más oscuros y ásperos de la obra que Verdi había obtenido con una orquesta sino muy refinada como la de sus contemporáneos Berlioz y Mendelssohn sí tan o más eficaz. Las melodías truncadas, las disonancias escalofriantes y los timbres siniestros prevalecieron aquí sobre las líneas melódicas y vigorosas de Verdi. La orquesta siguió con aplicación las directrices que le fueron así marcadas y el coro cantó con voz casi sofocada una página que se benefició de ello como “Patria oppressa”. 
Giuseppe Altomare sustituía a un indispuesto Luca Salsi; el haber participado en los ensayos y estar previsto para alguna de las representaciones posteriores le facilitó el trabajo en esta ocasión, permitiéndole entrar en la producción sin problema alguno. Fue la suya una interpretación muy precisa y, aunque la voz no es de una especial calidad, sabe acentuar de manera exacta cada frase, lo que para Macbeth es más importante que tener una hermosa voz; el propio Verdi pedía aquí a sus intérpretes que actuaran más que cantaran. Voz potente y timbrada sí la aportó Anna Pirozzi, aunque no llegó a profundizar en la vertiente enfermiza de la Lady. Correspondieron también a la interpretación analítica del compositor tanto el Banco de Marko Mimica como el Malcolm de Manuel Pierattelli, mientras Vincenzo Costanzo parecía un tanto indiferente al mismo como Macduff.  * Mauro MARIANI
 
 
 
 
 
 
 

 

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