CRÍTICAS

Opéra Municipale
Musorgsky BORIS GODOUNOV
Alexey Tikhomirov, Nicolas Courjal, Jean-Pierre Furlan, Luca Lombardo, Wenwei Zhang, Christophe Berry, Ventseslav Anastasov, Marie-Ange Todorovitch. Dirección: Paolo Arrivabeni. Dirección de escena: Petrika Ionescu. 14 de febrero de 2017.
 
Alexey Tikhomirov, Boris en Marsella © Opéra de Marseille / Christian Dresse
 
Paolo Arrivabeni prefirió la partitura original de 1869 con siete escenas, poco vista, por considerarla muy dramática, exenta de adornos y centrada en Boris. La decisión facilitó ciertos aspectos de la producción y se pudo desarrollar toda la historia sin entreactos. En el momento de la representación, mantuvo el tempo, pero la situación de la batería, fuera del foso por razones de espacio, separó sus sones de los de la formación. Por otra parte las cuerdas no lograron sobrepasar –fenómeno curioso– el nivel de los cantantes en más de una ocasión. La fusión entre el foso y el escenario algo sufrió de esta situación.
 
No faltaron ni fallaron las voces principales. Alexey Tikhomirov, más barítono-bajo que propiamente bajo, fue un Boris de perfecta elocución, timbre elegante, emisión potente y bien controlada. Asumió la parte dramática del complejo rol con autoridad para con el mundo externo y una extrema ternura para con su hijo Fiodor. Alejado de su pueblo al principio, se centró luego en el gobierno de su país, que empezaba ya a tener una extensión considerable; sufrió y murió atormentado por la idea de la resurrección del pequeño Dimitri, hijo del célebre y terrible Iván.
 
Luca Lombardo dio una versión perfecta del pérfido Chuiski. Coloreó su voz a la manera de la de los tenores rusos, con un timbre especifico, imposible de lograr para todo tenor no ruso; y si sus gestos fueron algo exagerados, dieron una visión verosímil del untuoso personaje. También Wenwei Zhang (Varlaam) acertó vocalmente y sobre todo dramáticamente en su papel de monje itinerante y beodo. Sus intervenciones dieron momentos de respiro a la historia del malévolo zar, que el público agradeció. Sorprendió muy positivamente el trabajo de Christophe Berry (el inocente), que mantuvo vocalmente un excelente nivel de calidad frente a la potencia del zar, en la memorable escena que les enfrentó. Mucho se le pidió a Jean-Pierre Furlan (Dimitri) en la vertiente dramática de su trabajo. Se salió con bien de ello, pero sin duda a costa de perder algún punto en su labor vocal. Nicolas Courjal en cambio, no entendió el personaje de Pimen, el monje estudioso y ya muy viejo. Dio una versión vocal excesivamente emotiva, apoyó con exceso sus decires y, si bien lució un timbre de gran belleza, la juventud del actor apareció por debajo de su maquillaje. Marie-Ange Todorovitch fue una ventera atenta a sus clientes y muy simpática.
 
Petrika Ionesco adoptó sin gran esfuerzo el tema del icono para su escenografía, acertada. Trabajó con esmero los movimientos de los coros. En definitiva fue la suya una puesta en escena honrada, sin complicaciones, fácil de seguir. Se aplaudió con razón a Emmanuel Trenque por la calidad de la preparación del coro de la casa –el personaje principal de la historia junto a Boris–, seguramente algo reforzado en esta ocasión. * Jaume ESTAPÀ
 
 
 
 
 
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