Opéra de Toulon

Verdi UN BALLO IN MASCHERA

Alex Penda, Enkelejda Shkosa, Anna Maria Sarra, Gastón Rivero, Darío Solari, Federico Benetti, Nika Guliashvili, Mikhael Piccone, Didier Siccardi, Jean-Yves Lange. Dirección: Rani Calderon. Dirección de escena: Nicola Berloffa. 27 de enero de 2017.

 

Toulon presentó Un ballo in maschera con elementos western © Opéra de Toulon / Frédéric Stéphan 

 

Nicola Berloffa se introdujo audaz por la estrecha rendija humorística que le brindaba Giuseppe Verdi (“E che bacchano…”) para desarrollar una versión de esta ópera algo anárquica pero bien documentada, ingeniosa y coherente. La Ilustró con elementos del cine de Hollywood: hubo slapstick –la tarta monumental al inicio y el lanzamiento de manzanas– y western primitivo –recordando al actor Tom Mix– y declinante –Sam Peckinpah y su Grupo salvaje (1969)–, con forajidos vestidos con gabanes amplios y grandes sombreros, amenazando siempre y por doquier con lujo de fusiles y pistolas.

Pidió a su escenógrafo (Fabio Cherstich) que reprodujera el palco presidencial visto en el film El nacimiento de una nación (1915) de Griffith, en el que fue asesinado Abraham Lincoln, para que Riccardo pudiese morir en un lugar digno. Y a la diseñadora de vestuario Valeria Donata Bettella le encargó que vistiera de india con una pluma en la cabeza a la bruja Ulrica: cerca de Boston hubo hasta finales del siglo XIX una pequeña reserva de pieles rojas. Disfrazó de mujer al pajecillo Oscar –idea elemental y nunca vista– y vistió grotescamente de indios a los conjurados en el baile de disfraces. Todo ello dio lugar a sonrisas por parte del público, sin arañar la progresión dramática de la obra. Pero que no se escandalice nadie: no hubo agresión a la obra ni intento de renovación del género, tan solo un ejercicio de estilo de un profesional amante de la ópera y del cine.

Los cantantes aceptaron las propuestas de Berloffa y dieron una versión vocal muy válida. Gastón Rivero (Riccardo) asumió vocalmente el papel con valentía y, aunque su voz sonara por momentos algo cansada, se mantuvo creíble hasta el final. Darío Soldati (Renato), uruguayo como el anterior, fue el artista más aplaudido por la elegancia de sus intervenciones, por la virilidad de su timbre y por su figura. Aplaudióse igualmente con justicia a los conjurados, Federico Benetti (Samuele) y Nika Guliashvili (Tomaso), así como a Mikhael Piccone (Silvano), el soldado promocionado proféticamente por Ulrica.

La soprano búlgara Alex Penda (Amelia), dotada de una tesitura excepcionalmente extensa, se salió muy bien en los pasajes agudos y resolvió sin ninguna dificultad los graves. Quedaron solamente menos audibles las notas centrales. Su diálogo con Riccardo en el segundo acto fue un momento de gran categoría. Enkelejda Shkosa (Ulrica) mostró idénticas virtudes y las mismas dificultades que la soprano. Una y otra fueron sin embargo muy aplaudidas. Conclúyase calificando de campeonato el canto veloz y flexible de Anna Maria Sarra en el papel de Oscar.

También se aplaudió con justicia la intervención de la orquesta de la Opéra de Toulon dirigida con autoridad por Rani Calderon, para quien Giuseppe Verdi constituye un punto fuerte de su repertorio. * Jaume ESTAPÀ

 

 

 
 
 
 
 
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