Opéra National de Paris

Mozart COSÌ FAN TUTTE

Jacqueline Wagner, Michèle Losier, Frédéric Antoun, Philippe Sly, Paulo Szot, Ginger Costa-Jackson.

Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Anne Teresa De Keersmaeker. Palais Garnier, 26 de enero de 2017.

 

La coreógrafa Anne Teresa De Keersmaeker puso su firma a la producción de Così fan tutte en París © Opéra National de Paris / Agathe Poupeney

 

Confiar la puesta en escena de una ópera a un coreógrafo es tan arriesgado como pedirle una coreografía a un director de escena de teatro. La célebre coreógrafa Anne Teresa De Keersmaeker puso un bailarín al lado de cada cantante y contó la enrevesada y viciosilla historia con la semántica del ballet. Utilizó una escenografía (Jan Versweyveld) de una simplicidad bíblica con el escenario del Garnier vacío y pintado de blanco. Dibujó en el suelo círculos por doquier, marcando las trayectorias que debían seguir cantantes y bailarines. Subrayó con ello que la historia de Lorenzo Da Ponte no era rectilínea y tuvo mucha razón. Los andares psicológicos de los seis personajes –aquí fueron doce– no iban jamás en línea recta.

 

Sin embargo, la elipse, la parábola o la hipérbole hubiesen indicado mejor el carácter torcido del cuento. Por añadidura estas tres formas cónicas tienen un significado literario que el círculo no tiene. La fatiga del espectador no se hizo esperar, pues seguir constantemente un personaje desdoblado –experimento nada original– obliga a quien lo presencia a hacer la síntesis del gesto y la palabra. No fue cierto que el cantante pudiera dedicar así una mayor atención a su canto, puesto que, obsesionado por el movimiento impuesto por el coreógrafo-director de escena, perdió sus puntos de referencia.

 

De Keersmaeker vistió a cantantes y bailarines de modo que se pudiese reconocer quién era cada uno. Para el público en general, poco o nada enterado de los enredos de Don Alfonso, diferenciar a los protagonistas es ya difícil cuando son cuatro; cuando son ocho, las dificultades no se suman, se multiplican. Jacquelyn Wagner –Fiordiligi con bellas coloraturas y con potencia– despreció por completo el registro grave y en ningún momento pareció enamorada ni de Guglielmo ni de Ferrando. Michèle Losier estuvo globalmente ausente en el papel de Dorabella y Ginger Costa-Jackson no fue más allá de la caricatura, sin integrar las sutilezas de la intrigante Despina. Paolo Szot no mostró carácter alguno en el personaje de Don Alfonso, mientras que Frédéric Antoun (Ferrando) y Philippe Sly (Guglielmo), faltos de calidades vocales y obsesionados por las demandas de la coreógrafa, no lograron tampoco revestir los roles que se les confiaron.

 

Philippe Jordan atacó la obertura con desaforado brío, transformando a fuerza de puñetazos en el aire, la magnífica orquesta de la casa en una banda militar. Luego fue siguiendo por idénticos derroteros hasta el final. * Jaume ESTAPÀ

 

 

 

 

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