CRÍTICAS

Opéra de Lausanne

Thomas HAMLET

Régis Regus, Lisette Oropesa, Stella Grigorian, Philippe Rouillon, Benjamin Bernheim, Alexandre Diakoff, Nicolas Wildi, Marcin Habela, Daniel Golossov. Dirección: Fabien Gabel. Dirección de escena: Vincent Boussard. 5 de febrero de 2017.

 

Hamlet se estrenó en Lausana en un montaje de Vincent Boussard © Opéra de Lausanne

 

La Opéra de Lausanne presentó por primera vez en su escenario el Hamlet de Ambroise Thomas, y lo hizo importando una coproducción de Marsella y Estrasburgo firmada escénicamente por Vincent Boussard. La trama sucede, salvo el último acto, entre las paredes de un palacio atemporal que consigue crear una atmósfera fría, claustrofóbica y asfixiante. Funcionó muy bien la espectacular escena de la aparición del espectro del rey ante su hijo, cuando un figurante se colgaba de la pared, andando en perpendicular hacia el vástago, mientras el bajo Daniel Golossov, con su voz cavernosa, acongojaba al respetable. Aunque la dirección de escena supo mantener la tensión dramática de la obra, también pecó de poca originalidad en los entreactos y cambios de escena, y de alguna acción algo absurda como el dúo de Hamlet y Gertrude, cuando más que odio y desprecio, el príncipe danés parecía sufrir de algún complejo de Edipo no resuelto. La escena de la locura de Ophélie, que causó cierta conmoción, transcurrió en sus estancias, con una bañera como eje central, en la que la protagonista decide, finalmente, suicidarse.

Fabien Gabel, al frente de la Orchestre de Lausanne y del coro de la Ópera, dirigió con elegancia, lirismo y tensión cuando se precisaba. El director francés cuidó cada detalle sin caer en una fácil artificiosidad y mantuvo el peso musical de la obra, incluso en los entreactos y entre las escenas, y sacando lo mejor de cada cantante, a pesar de que alguno de ellos se lo pusiera difícil.

Debutaba en Lausana y como Ophélie la soprano norteamericana de origen cubano Lisette Oropesa, quien compuso una dulce y a la vez perturbada hija de Polonio y cuyas intervenciones hacían brillar la escena. Si bien es cierto que sus agudos tienden a perder armónicos por una colocación no siempre precisa, Oropesa es una excelente cantante y actriz, de refinada dicción y fraseo, y de emocionante musicalidad. Régis Mengus fue un Hamlet atormentado y escénicamente impecable. El barítono francés, bien conocido por el público de Lausana, posee una cuidada línea de canto y una perfecta dicción que le facilitó aportar una interpretación muy creíble del príncipe danés, aunque tienda a un canto algo engolado. Estuvo especialmente acertado en el dúo “Doute de la lumière” y en el trío “Allez dans un cloître, allez Ophélie”, quizás, junto a la escena de la locura, y a pesar de las estridencias de la Gertrude de Stella Grigorian, uno de los momentos más emotivos de la velada. La mezzo georgiana poco tiene de regia como Gertrude y sus intervenciones resultaron toscas en lo escénico y en lo musical. A su lado, el Claudius de Philippe Rouillon fue sólido y contundente. El tenor suizo Benjamin Bernheim estuvo sobrado como Läerte, con una importante voz de interesante timbre, aunque no siempre de cuidado fraseo. * Albert Garriga

 

 

 
 
 
 
 
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