Teatro Villamarta
Verdi LA TRAVIATA
Raquel Lojendio, José Luis Sola, Javier Franco, Marina Pardo, Inmaculada Salmoral, Joan Cabero. Dirección: José María Moreno. Dirección de escena: Francisco López. 27 de enero de 2017.
 

José Luis Sola y Raquel Lojendio, Alfredo y Violetta en Jerez © Teatro Villamarta / Javier Fergo

El Teatro Villamarta conoce bien a su público, y este le corresponde. El coliseo tuvo la buena visión de, en estos momentos de difícil crisis, poner en escena una de la óperas más demandadas por el espectador jerezano. Y este se manifestó de inmediato, llenando la sala en las dos representaciones que se programaron. Esta producción villamartina de La Traviata, de finales de los 90, no ha envejecido con los años. Todo lo contrario: el montaje, de corte clásico, con la escena mostrando amplios salones y con los personajes ataviados con el vestuario al uso de la alta sociedad parisina de mediados del siglo XIX, sigue cautivando como el primer día. Al final se tiene la sensación de que la mayoría del público espera ver esto mismo en La Traviata, ya que se trata de una ópera que no encaja bien interpretaciones escénicas muy rompedoras. Otra cosa sería que se decidiera acortar los tiempos, ya que, aunque el libreto exige tres actos, de hecho se termina convirtiendo en una ópera de cuatro, y con tres intermedios. Si se lograra eliminar un intermedio el público, a buen seguro, lo agradecería.
 
La soprano canaria Raquel Lojendio (Violetta) triunfó gracias a su voz poderosa y agradable, que llegó a los corazones de los espectadores. Y aunque es cierto que se mostró más segura en los momentos menos dinámicos de la obra, sobre todo en la primera escena del segundo acto, en general equilibró muy bien su calidad canora con la dramática. El público la aplaudió con ganas. José Luis Sola (Alfredo) cantó muy bien, aunque quizá se le fue un poco la mano en la segunda escena del segundo acto. Preponderó en él la calidad canora sobre la dramática, aunque estuvo en todo momento a la altura de la complejidad dramática del papel. Javier Franco (Giorgio Germont) asumió con aplomo el papel de padre inflexible y decimonónico que requiere el guión. Su presencia le dio solidez a la representación. En su caso, destacó la vis dramática sobre su calidad canora, dentro de un nivel de ambas cualidades muy alto y envidiable. Cabe mencionar la implicación del director del coro, Joan Cabero, interpretando a Gastone.
 
La Filarmónica de Málaga se acomoda bien al Villamarta y lo hizo correctamente, como casi siempre, aunque tal vez se produjo algún desequilibrio en algunas ocasiones a favor de los metales y en detrimento de la cuerda. En cualquiera de los caso, la orquesta supo arropar y no tapar a los cantantes. Por último, cabe señalar que el Coro sigue moviéndose en la calificación de notable-alto y en ascenso.  * Jesús SÁNCHEZ-FERRAGUT
 
 
 
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