CRÍTICAS

 Opéra National du Rhin
Halévy LA JUIVE
Roy Cornelius Smith, Rachel Harnisch, Ana-Camelia Stefanescu, Robert McPherson, Jérôme Varnier, Nicolas Cavallier. Dirección: Jacques Lacombe. Dirección de escena: Peter Konwitschny. 6 de febrero de 2017.
 
Rachel Harnisch, caracterizada como Rachel © Opéra National du Rhin / Klara Beck 

El eslogan para esta producción era “La judía o el rechazo absoluto de los fanatismos”. Nada más lejano del libreto de Eugène Scribe o de la realidad histórica que pretende describir. Una ópera que habla de siglos de antisemitismo en Europa se convirtió en un alegato contra los fanatismos, en plural. O mejor dicho, en abstracto. Al final, la propuesta de Peter Konwitschny, supuesto enfant terrible de la puesta en escena operística, se quedó en una muy políticamente correcta agua de borrajas. En especial porque, de un drama lleno de mensaje político y religioso, el regista se empeñó en hacer una banal comedia sin gracia alguna. La lista de chistes fuera de lugar fue larga: la fiesta de pijamas que se montaron Eudoxie y Rachel en la cárcel, los guantes azules o amarillos para mostrar quién era judío o cristiano, Éléazar y Rachel vestidos de novios para subir al cadalso, la judía Rachel paseándose por el escenario con un cinturón de explosivos...
 
El elenco canoro fue notable en líneas generales, pese a la mala pronunciación de los intérpretes no francófonos. En el papel de Éléazar, Roy Cornelius Smith sustituyó prácticamente en el último minuto a un indispuesto Roberto Saccà. Conocedor de esta producción por haberla interpretado en Mannheim, el tenor americano cantó con mucha emoción y una ligera fatiga vocal su famosa aria del cuarto acto. A su lado, Rachel Harnisch tuvo momentos excelentes en el papel titular, pese a poseer un registro de pecho poco atractivo. En su haber hay que reconocer la tesitura alpina de su partitura –escrito originalmente para Cornélie Falcon, todo hay que decirlo–. A un nivel de similar excelencia estuvo Ana-Camelia Stefanescu en la Princesa Eudoxie. Jérôme Varnier también tuvo sus más y sus menos con la tesitura del Cardinal Brogni, y a su canto lírico le faltó una pizca de emoción. Robert McPherson, tenor agudo de emisión un tanto nasal, cantó muy bien su Léopold sin llegar a seducir plenamente. Excelente por otro lado el Ruggiero de Nicolas Cavallier, un intérprete ideal del repertorio francés. 
 
A la batuta, el director canadiense Jacques Lacombe confirmó la buena impresión que dejó en 2014, cuando dirigió con igual ímpetu Le roi Arthus de Ernest Chausson. El coro de la casa estuvo acertado como siempre, aunque un refuerzo extra le hubiera dado más impacto a las escenas de masas.  * Francisco J. CABRERA