Staatsoper im Schiller Theater
Purcell / Dryden KING ARTHUR OR THE BRITISH WORTHY
Anett Frisch, Johannes Weisser, Robin Johannsen, Benno Schachtner, Arttu Kataja
Dirección: René Jacobs. Dirección de escena: Sven-Eric Bechtolf, Julian Crouch. 15 de enero de 2017.
 
 
Dos detalles del montaje de King Arthur firmado por Sven-Eric Bechtolf y Julian Crouch © Staatsoper im Schiller Theater / Ruth Walz
 
El King Arthur or The British Worthy de John Dryden con música de Henry Purcell es un compendio de artes escénicas. Dos tercios de teatro hablado, un tercio musicalizado y algo de baile. Estrenada en 1691 en el teatro Dorset Garden de Londres, esta gloriosa pantomima de la Restauración, de corte, temática y gusto very British, nunca tuvo gran resonancia en el continente. Últimamente, sin embargo, las llamadas semióperas, a la que también pertenece Fairy Queen de Purcell, parecen haberse puesto de moda. Tal vez porque la fusión del teatro y ópera permite maximizar la producción y llegar a un público más amplio. En el Berlín del siglo XXI, este formato del XVII ha funcionado y todas las representaciones de King Arthur previstas en el programa colgaron el cartel de “entradas agotadas”, lo que no es habitual en las obras del Barroco.
 
La producción estrenada en la Staatsoper, con el maestro belga René Jacobs al frente de la Academia de Música Antigua de Berlín y una régie muy compenetrada y bicéfala, tuvo muy buena acogida. Los regidores y dramaturgos Sven-Eric Bechtolf y Julian Crouch situaron la historia del niño Arthur en tiempo de la II Guerra Mundial, contienda en la que el padre del infante participa como piloto de aviación. La BBC informa del enfrentamiento entre británicos y sajones, mientras un haz de luz desvela la imagen de un monoplaza abatido. El abuelo, para consolar al niño, decide contarle la historia del rey Arturo y de la fundación del reino británico en la Edad Media, una  celebración de la restauración de la dinastía Estuardo con gigantes cabezudos, ninfas, duendes, valquirias, cantos a Wotan y apariciones del mago Merlín. La fiesta organizada para los veteranos de guerra en un hospicio decorado con banderitas por diligentes enfermeras es amarga, como la perdida de la figura del padre.
 
En esta semiópera, en la que solo los personajes no terrenales cantan, destacó Anett Fritsch por su versatilidad en los tres roles que asumió (Cupido, Venus y espíritu del aire), que ejecutó vestida de paracaidista, colgada de arneses. El bajo Johanenes Weisser cantó con gran emoción la conocida “Cold Song” vestido de piloto de guerra al borde de la congelación arrancando, en la que sin duda es una de las escenas más destacables de la obra, los aplausos del público. El dúo “Let us love” fue interpretado maravillosamente por Robin Johannsen y Benno Schachtner, y el aria How blest are shepherds” por un excelente pastor llamado Stephan Rügamer, miembro del ensemble de la Staatsoper, que también incorporó a la producción al experimentado bajo Arttu Kataja.
 
Jacobs confirmó que los números musicales, las cantatas y las arias tienen más sentido cuandombalos, oboes y timbales están ligados a la acción. La historia terminó con el niño subido a un avión de combate, dispuesto British worthy a morir como un héroe.  * Cocó RODEMANN
 
 
 
 
 
 
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