CRÍTICAS

Palau de les Arts
Verdi La traviata
Marina Rebeka, Arturo Chacón-Cruz, Plácido Domingo, Anna Bychkova, Moisés Marín, Jorge Álvarez, Andrea Pellegrini, Alejandro López. Dirección: Ramón Tebar. Dirección de escena: Sofia Coppola. 9 de febrero de 2017. 
 
Arturo Chacón-Cruz, Marina Rebeka y Plácido Domingo fueron el trío protagonista de La Traviata en Valencia © Palau de Les Arts / Miguel Lorenzo - Mikel Ponce
 
Una abrumadora expectación social levantó esta Traviata, cuyo estreno se convirtió en todo un evento al contar entre el público con la presencia de la Reina Sofía, Valentino y su troupe y celebridades de toda índole, incluyendo a la actriz Monica Bellucci. La parte social recordó a otras épocas, pero a nivel político hay que agradecer a la Reina Sofía que haya vuelto al teatro que lleva su nombre: era la primera vez que lo hacía con el nuevo intendente en su cargo y supuso un fuerte respaldo al proyecto y a su continuidad.
Era la tercera vez en su joven vida que el Palau de Les Arts llevaba a escena esta ópera y parece que la justificación era la de traer esta producción firmada por Sofia Coppola y con el vestuario de Valentino. En ese sentido, se trata de una propuesta de discreto interés, pues presenta La Traviata de siempre, sin aportar nada nuevo y con una estética conservadora, casi retro. Ahora bien, todo ello con un exquisito estilo que recuerda a la estética de Visconti o Zeffirelli, potenciada por el trabajo de Valentino.
Musicalmente lo más reseñable fue la Violetta de Marina Rebeka. La cantante convenció, ante todo, en la escena, gracias a su belleza y figura, potenciada por el trabajo del diseñador. Vocalmente demostró generosidad de medios con una voz bella y de fácil proyección con la que impresionó en más de una ocasión; dio el tradicional mi bemol –no escrito– del primer acto. Ahora bien, le faltó algo más de delicadeza, capacidad para mantener y depurar el legato, o medias voces para los momentos más íntimos. Curiosamente, jugó con las dinámicas cuando probablemente no tocaba, utilizando el piano en “Amami Alfredo” cuando Verdi pide “passione e forza”. Sí consiguió adecuar canto, dinámica y expresión en el “Addio, del passato”. Arturo Chacón-Cruz fue un irregular Alfredo debido, en gran medida, a la falta de dominio en la zona de paso. La voz tiene cierta belleza pero la técnica no permite que luzca en todo su potencial. Su principal valor pudo ser el agudo, por ejemplo, el do de la cabaletta que, sea como fuere, es también un añadido tradicional. Plácido Domingo encarnó a Giorgio Germont en la línea de sus creaciones como barítono, a saber, con timbre tenoril, pero en esta ocasión la voz no le acompañó y no consiguió librarse del vibrato excesivo y pasó algún apuro métrico al acometer “Non, non udrai rimproveri”. En cualquier caso, no faltaron sus dotes de excelente actor y carisma en escena.
 
Ramón Tebar condujo la orquesta con tempi vivos y destacando no pocos detalles de la partitura; consiguió grandes momentos como en el preludio del tercer acto, pero en los momentos más dramáticos le faltó algo de pulso, teniendo en cuenta que en esta ópera venía precedido de Maazel o Mehta. Excelentes, como siempre, orquesta y coro. * César Rus
 
 
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