Opernhaus
Charpentier MÉDÉE
Stéphanie d'Oustrac, Reinoud Van Mechelen, Nahuel di Pierro, Melissa Petit, Ivan Thirion, Carmen Seibel, Spencer Lang, Gemma Ni Bhriain, Sandrine Droin, Roberto Lorenzi, Francisca Montiel, Nicholas Scott, Florie Valiquette. Dirección: William Christie. Dirección de escena: Andreas Homoki. 22 de Enero de 2017.
 
Stéphanie d'Oustrac protagonizó Médée en Zúrich junto al Jasón de Reinoud Van Mechelen © Opernhaus / T+T Fotografie
 
Médée subió al escenario de la Opernhaus de Zúrich de la mano de uno de los más reputados directores de música antigua y barroco francés, el norteamericano William Christie, verdadero gran triunfador de la noche del estreno de este título en la ciudad suiza. La Scintilla –reforzada en esta ocasión con miembros de Les Arts Florissants– es la formación especializada en música antigua con instrumentos de época de la Opernhaus y bajo la batuta de Christie se escuchó de manera brillante, enérgica y cuidada, haciendo olvidar el regusto agridulce de sus recientes apariciones; recibió la mejor ovación de la noche.
 
Marc-Antoine Charpentier estrenó esta ópera en 1693 basándose en la tragedia de Eurípides que narra el capítulo de la heroína trágica, pérfida y monstruosa que se mueve únicamente por el sentimiento de venganza a Jasón y que termina asesinando a sus propios hijos. Sin embargo, el compositor humaniza a la protagonista, cuya perversión va aflorando a lo largo del drama para concluir en el trágico final. Es la época de Luis XIV y por ello Charpentier compone un prólogo a modo de adenda, en el que se glorifica la magnificencia del Rey Sol, fragmento que decidió cortarse en esta versión. El lenguaje musical de este barroco francés se caracteriza por una declamación cantada, en la que las escenas mágicas y fantasmagóricas se ilustran a través de ballets y escenas corales.
 
Andreas Homoki, responsable escénico de esta versión e intendente de la Opernhaus, utilizó la comicidad para vulgarizar el drama de los personajes principales. La escena, atemporal, tenía lugar casi toda en una especie de pasarela que se elevaba y descendía para marcar la entrada y salida de personajes. Médée, sus hijos y Nérine vestían de hippies y los personajes de la corte de Créone, a lo snob. Por otro lado, las escenas mágicas –con demonios, fantasmas, el Amor, la Venganza, etc.– sucedían entre escenarios de varietés y opereta, a medio camino entre Los caballeros las prefieren rubias y Orphée aux enfers. Todo ello no facilitaba la comprensión del espectáculo ni mantenía la tensión dramática. Al final, el director alemán fue el centro de cierta polémica entre favorables y detractores a su particular versión de esta Médée.
 
En el apartado vocal, la gran triunfadora fue Stéphanie d'Oustrac, que a pesar del batiburrillo escénico supo mantener el peso de la tragedia. La mezzo francesa posee una voz no siempre del todo agraciada, pero bien proyectada, con sólida técnica y que sobresale en los momentos más dramáticos de la ópera, como “Noires filles du Styx”, en la que convoca los poderes demoníacos de manera sobrecogedora. Reinoud Van Mechelen (Jason) hizo gala de una sentida musicalidad y de un instrumento que conjugaba perfectamente con el de Melissa Petit (Créuse). Ambos cantantes mostraron su especial ductilidad interpretativa y en sus escenas conjuntas brillaron especialmente. El barítono argentino Nahuel di Pierro (Créon), dotado de un noble instrumento, casi siempre bien proyectado, ofreció una excelente prestación y sobresalió especialmente en “Noires divinités, que voulez-vous de moi?”. Por su parte, el Oronte de Ivan Thirion anduvo algo despistado con la dirección escénica, a pesar de una muy correcta interpretación general. Del resto de intérpretes cabe destacar la Nérien de Carmen Seibel y Spencer Lang en los roles de Arcas y la Jaloussie. * Albert GARRIGA
 

 
 
 
 
 
 
 
 
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