CRÍTICAS

Teatro Calderón
Verdi IL TROVATORE
Carmen Solís, Stefano La Colla, Manuel Lanza, María Luisa Corbacho, Roman Ialcic, Paula Mendoza, Lars Jorge, Pablo Corbí, Ricardo Allende. Dirección: Óliver Díaz. Dirección de escena: Gustavo Tambascio. 1 de febrero de 2017.
 
Gustavo Tambascio firmó la nueva producción de Il Trovatore que se pudo ver en Valladolid © Teatro Calderón / May Rodríguez Isla
 
La soprano Carmen Solís defendió bien su Leonora, tanto en los aspectos más líricos como allí donde la voz se ensancha y se le exige mayor peso. Al llegar al aria “Tu vedrai che amore in terra”, combinó la agitación con frases recogidas, a lo que sumó la capacidad para llenar de expresividad los momentos en los que la agilidad va de la mano del sentido del drama. A Manuel Lanza no le faltó oficio para encarnar al Conde de Luna; el barítono tuvo dificultades para mantener las frases largas y en momentos como “Il balen del suo sorriso” le faltó empuje en el recitativo y poder abordar la parte aguda, moviéndose entre el legato dolce y los sforzandi. Detalles como esos le lastraron para sacar adelante un personaje tan exigente como el suyo. Stefano La Colla basó su Manrico en un canto a golpes desde su intervención inicial. Fue valiente, con un acusado timbre, y no se arredró en “Di quella pira”; el problema estuvo en que previamente interpretó con el mismo espíritu el “Ah! sì, ben mio”. María Luisa Corbacho dio a Azucena la esperada personalidad trágica. Lo cuestionable es si se puede hacer sobre la base de tantos artificios, particularmente en el registro grave. Mantuvo una cierta tendencia a una emisión palatal, algo especialmente acentuado en el segundo acto. El bajo Roman Ialcic relató lo oscuro de la vida del Conde de Luna dignamente.
Gustavo Tambascio, en esta nueva producción, optó por una dirección de personajes y ambientes estática, que contribuyó a aislar las diferentes escenas, y contó con unos actores que hicieron de dobles de los protagonistas, en un intento de trascender. La escenografía –la supuesta localización en la Guerra Civil española resultó meramente casual– pasó de ambientes que recordaban al cartón piedra a espacios prácticamente desnudos y se recurrió a la proyección de una vieja película familiar para rememorar la infancia de los dos hermanos, Conde y Trovador. El problema de este planteamiento no fue tanto el que se jugara con elementos previsibles –incluidas las presencias simbólicas de la luna, la oscuridad y el fuego–, sino que resultaran obvios.

A la Sinfónica de Castilla y León y al director Óliver Díaz no les faltó acierto a la hora de presentar los temas, propiciar los climas oportunos e insuflar sentido dramático. En ciertos momentos del tercer acto su prestación se volvió algo uniforme. El Coro Amigos del Teatro Calderón precisó un mayor número de voces masculinas; sus parlamentos con Ferrando carecieron de intención y tendieron a desajustarse. Estuvieron mejor cuando intervinieron las voces angelicales solas y cuando lo hicieron todos, al margen de ciertos desequilibrios en la conclusión del coro de gitanos. El que no se dominaran ciertos aspectos del canto y el carácter verdiano fue decisivo para que la representación no cuajara. * Agustín ACHÚCARRO 
 
 
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00