Berna
StadtTheater
Gounod FAUST
Evgenia Grekova, Eleonora Vacchi, Claude Eichenberger, Uwe Stickert, Todd Boyce, Kai Wegner, Carl Rumstadt. Dirección: Jochem Hochstenbach. Dirección de escena: Nigel Lowery. 29 de enero de 2017.
 
El StadtTheater reabrió sus puertas con Faust de Gounod © StadtTheater / Philipp Zinniker
 
El StadtTheater de Berna, que recientemente ha sido rehabilitado en su integridad, es una bombonière de tres pisos y 700 plazas, con un gran foso para orquesta sinfónica y una acústica envidiable. Para reabrir sus puertas al género lírico, la capital de Suiza escogió el Faust de Gounod en una nueva producción firmada por el británico Nigel Lowery de corte expresionista y muy plástica. La escenografía, a golpe de pincelada, bien podía representar un cuadro de Munch o uno de los escenarios del Gabinete del Doctor Caligari. Lowery ahonda en el alma de Marguerite, en un universo entre lo pueril y virginal y lo claustrofóbico de su propia moralidad y los profundos deseos que la conducen al trágico final. Sin embargo, la propuesta del director de escena quedó más en las intenciones plásticas que en un profundo trabajo de actores, que se basó en estereotipos y conceptos manidos. Como lo fue, utilizando un recurso muy expresionista, desgranar el caleidoscopio de la personalidad de Marguerite de sus tres psiques en sus dobles: la virginal y pura, la codiciosa y la lujuriosa. Por ello, quedó al final cierto sabor a superficialidad y a ideas un tanto peregrinas, como en la ascención de Marguerite, a través de una horca infinita.
 
La Sinfónica de Berna es una orquesta competente y sólida, sin mucho más, pero que muchas ciudades importantes ya querrían para sus auditorios y teatros de ópera. Una dirección sensible y cuidada sabría sacar a flote los detalles de esta partitura y también ayudar a que las voces lucieran. Sin embargo, Jochem Hochstenbach realizó una lectura plana, algo tosca y demasiado sonora. El preludio predecía algo interesante, pero le siguieron frases mal acabadas y falta de delicadeza en los deliciosos finales del cuarto o quinto actos. Resultó inexplicable la reducción del coro y ello se tradujo –sumado a la sobrecarga de decibelios de la orquesta– en una formación casi permanentemente tapada, incluso en los momentos en forte.
 
Vocalmente sobresalió el Faust del tenor alemán Uwe Stickert, que, a pesar de una proyección algo nasal, posee una hermosa voz, de elegante fraseo y excelente dicción francesa. El suyo es un buen Faust, incluso en la cavatina "Salut! Demeure chaste et pure", que superó notablemente, y en la que atacó el Do natural de manera segura. La soprano rusa Evgenia Grekova, con un instrumento no muy grande y al que no ayudaron las estridencias impuestas por Hochstenbach, compuso una Marguerite un tanto histriónica, tanto por la dirección de escena como por su interpretación musical, forzando donde no alcanzaba por volumen o por notas. También algo olvidable fue el Méphistophélès de Kai Wegner, con una imposible dicción del francés y un instrumento poco contundente, al que no imprimió ninguna fuerza como leviatán. En cambio, el Valentin del joven barítono norteamericano Todd Boyce, dotado de un noble instrumento y de una entregada interpretación, estuvo especialmente inspirado en "Avant de quitter ces lieux", culminando en una escena de su muerte conmovedora. * Albert GARRIGA
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00