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Desde enero de 2016 y hasta finales de 2018 el Teatro Real está conmemorando los 200 años de su fundación -en 1818 y por orden del rey Fernando VII- y los 20 años de su reapertura como teatro lírico en 1997. Gregorio Marañón, presidente del patronato y de la comisión ejecutiva del Real desde 2007 repasa su etapa y explica su proyecto para un nuevo mandato de cinco años.
 
Fernando SANS-RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 199
(FEBRERO 2017)
 
 
A pocos días de presentarse la nueva temporada 2017-18 del Teatro Real, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, presidente de la entidad, repasa con ÓPERA ACTUAL una etapa ciertamente compleja pero satisfactoria del coliseo lírico madrileño que ha quedado marcada por la consolidación de su estructura económica y la proyección del coliseo como uno de los equipamientos culturales más destacados del país. Para ello lo más importante es haber conseguido el apoyo de la sociedad civil, económica y política que forma una parte importante de su estructura. 
 
ÓPERA ACTUAL: Su nombramiento al frente del Teatro Real cambió la práctica de que ocupase la presidencia del teatro el Ministro de Cultura de turno. ¿Considera que actualmente es una entidad cultural gobernada con la suficiente independencia? 
Gregorio MARAÑÓN: Estoy convencido de que todas las grandes instituciones públicas culturales precisan de autonomía para gestionarse profesionalmente y con estabilidad. También el Teatro Real, que es una entidad pública y tiene, además, la vocación de serlo. Es la única manera de concebir y realizar un proyecto de carácter institucional, que sea signo de identidad. Desde el año 2007, el Teatro Real tiene en sus órganos de gobierno cualificados representantes de la sociedad civil, personalidades independientes del mundo de la cultura y del ámbito empresarial. Todos los acuerdos, incluyendo los nombramientos, se han preparado y decidido internamente, por unanimidad, y las Administraciones Públicas, esto es, el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y la Comunidad de Madrid, siempre los han respetado. 
 
Ó. A.: En su etapa se ha pasado de un presupuesto con un 50 por cien de ayudas públicas a unos ingresos propios y de patrocinio que suponen casi un 73 por ciento. ¿Cómo ha sido posible? 
G. M.: Los verdaderos artífices del cambio de modelo han sido los componentes del extraordinario equipo gestor que tiene el Teatro Real y, muy en particular, su director general, Ignacio García-Belenguer, debiendo también destacarse al director artístico, Joan Matabosch, a quien, por cierto, se le acaba de renovar su mandato. 
Yo estuve en el primer Patronato del Teatro Real, en 1996, y viví el inicio del intervencionismo político que durante una década fue constante. Durante ese tiempo tuvimos seis presidentes y nueve directo­res artísticos y musicales. A partir de diciembre de 2007 se cambiaron los Estatutos del Teatro Real, estableciéndose el nombramiento de un presidente independiente por un plazo de cinco años, de unos Patronos independientes,  también por cinco años, y se empezó a configurar el equipo que ha dirigido el proceso de cambio. Conviene señalar que precisamente en ese año se inició la crisis económica más grave de los últimos tiempos. El Teatro Real la afrontó sin ayudas extraordinarias de las administraciones públicas y sin incurrir en ningún endeudamiento, reduciendo sus costes de funcionamiento en un 48 por cien, duplicando su patrocinio privado y aumentando en un 31 por ciento sus ingresos propios. Partíamos del convencimiento de que las subvenciones públicas del pasado no volverían. Gracias a todo ello el Teatro Real ha salido de la crisis fortalecido. En cuanto al futuro, si queremos que en nuestro país haya teatros de ópera más relevantes, precisaremos de un mayor apoyo público.
 
 
 
Recaudación récord
La recaudación por taquilla del Real es muy superior a la de otros teatros españoles al no aplicarse a las entradas de sus espectáculos el 21 por ciento del IVA. Según Gregorio Marañón, “las instituciones sin ánimo de lu­cro que cumplan determinados requisitos tienen la exención del IVA. En el Real nos acomodamos a esta normativa hace dos años y, ciertamente, gestionar el IVA a pagar cuando se dejan de tener ingresos por IVA es un problema, pero como todos los problemas de gestión, hay que afrontarlos y resolverlos”, apunta.
 
Ó. A.: ¿Qué ha supuesto el tratamiento fiscal especial conseguido para la conmemoración del 200º aniversario del Real? ¿Cómo ha afectado a la programación esta efeméride y la del 20º aniversario?
G. M.: Respecto a las desgravaciones fiscales de los acontecimientos de excepcional interés público, el tipo medio es del 45 por cien. Cuando el patrocinador dispone de un presupuesto importante de publicidad, que son muy pocos, este porcentaje puede incrementarse hasta el 90 por ciento. En cuanto a la programación, el Real anunció en noviembre de 2015 los títulos más importantes de la actividad lírica de los tres años siguientes, todos ellos de una extraordinaria ambición artística, como corresponde a la conmemoración del 200º aniversario de la fundación del Teatro. Por dar algunos títulos, en lo que nos queda de temporada estrenaremos Billy Budd de Britten, Rodelinda de Händel, Bomarzo de Ginastera, El gallo de oro de Rimsky-Kórsakov, y Butterfly de Puccini, tratándose todas de nuevas producciones del propio Teatro, algunas en coproducción con otros grandes escenarios europeos. También tenemos el estreno mundial de La ciudad de las mentiras de Elena Mendoza y las dos siguientes temporadas están a la misma altura.
 
Ó. A.: En su etapa se han creado varios órganos asesores y de apoyo al Teatro como el Consejo Asesor, la Junta de Protectores, el Círculo Diplomático o, recientemente, los Amigos del Real. ¿Qué suponen para el coliseo? 
G. M.: En estos órganos se integran los patrocinadores privados, personas físicas y empresas, tanto nacionales como internacionales. El Círculo Diplomático responde a otro criterio que es el de contribuir a la proyección internacional del Teatro Real. La Fundación de Amigos del Teatro Real viene a complementar este esquema, centrándose inicialmente en el micromecenazgo y en la búsqueda de un mayor apoyo social, más allá de los 20.000 abonados con los que cuenta el Teatro. Pero no nos equivoquemos, la mejor fórmula para contar con el respaldo de la sociedad civil es abrirle las puertas de la institución y que participe en su proyecto, no solo en su financiación. Hoy, como ya he dicho antes, contamos con personas independientes de la sociedad civil tanto en el Patronato como en la Comisión Ejecutiva. 
 
 
 
Ó. A.: ¿Qué espera aportar en esta nueva etapa? ¿Es suficiente el presupuesto o debería alcanzar el de los grandes teatros de repertorio europeos? 
G. M.: El Teatro Real tenía en el año 2015 un presupuesto de 43 millones de euros, y, dos años más tarde, hemos pasado a 50 millones. Gracias a nuestro modelo de gestión no tenemos pérdidas y, aunque nuestro presupuesto, como el del Liceu de Barcelona, sea similar al de un teatro de ópera francés de provincias, nuestra significación europea es mucho mayor. Coproducimos en régimen de igualdad con los principales teatros de ópera y nuestro modelo se está estudiando, por ejemplo, en los medios alemanes e italianos como un ejemplo de financiación sostenible. Concurrimos con los mejores, pero, ciertamente, si no hay una decisión de las instituciones públicas para tener en España, al menos, dos grandes teatros de ópera, y financiarlos adecuadamente, será imposible compararnos con los grandes teatros internacionales. En cuanto a los próximos cinco años, nuestro proyecto busca consolidar el modelo que tenemos y, por supuesto, seguir creciendo dentro de nuestras posibilidades. También seguir desarrollando nuestro proyecto social y pedagógico, profundizar en la implantación del Real en el resto del Estado y todo lo que se refiere al desarrollo tecnológico digital. El Teatro ha sido el primero en retransmitir una ópera por Facebook, una plataforma que cuenta con 1.800 millones de usuarios en todo el mundo: fue con El Holandes errante de Wagner en diciembre, proyecto que tuvo un alcance de más de 600.000 personas. 
 
Ó. A.: ¿Cómo ve la ópera en España y la crisis económica de los teatros? ¿Deben cambiar su modelo económico? 
G. M.: Afortunadamente, la ópera se está convirtiendo en España en un fenómeno cultural abierto a toda la ciudadanía, en gran medida gracias a la política que está llevando a cabo el Real de facilitar la retransmisión de su programa artístico y pedagógico en los centros culturales públicos y privados, colegios públicos, hospitales y en los espacios públicos de las ciudades de nuestro país. En cuanto a los demás teatros, lo último que yo deseo es indicarles cómo deben afrontar sus propios problemas. En lo que les sirva, en el Real estaremos siempre encantados en compartir nuestra experiencia que, ciertamente, en los últimos diez años hemos de calificar como de muy positiva. Como ha escrito un importante académico y periodista, el Teatro Real ha pasado de la irrelevancia a ser hoy un referente internacional artístico y como modelo institucional.
 
 
 
 
 
 
 
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