The Royal Opera – Covent Garden
R. Strauss DER ROSENKAVALIER
Anna Stéphany, Rachel Willis-Sorensen, Sophie Bevan, Matthew Rose, Jeremy White, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Helene Schneiderman, Jochen Schmeckenbecher. Dirección: Andris Nelsons. Dirección escénica: Robert Carsen. 22 de diciembre de 2016.
 
 Detalle del montaje ideado por Robert Carsen © Royal Opera House / Catherine Ashmore
 
 
Las funciones de esta tan popular y querida obra con el segundo reparto facilitaron la reflexión acerca no solo del primer elenco, sino de la propia producción. Al ver el montaje por segunda vez, muchas de las ideas propuestas por Robert Carsen ya no parecen tan buenas: van a contrapelo y en contra de la obra de Strauss. Bien podría decirse que este es un anti Rosenkavalier por la forma en la que trata a los personajes y a las situaciones. También puede decirse, sin temor a ofender, que es una producción que gustará a aquellos que no conocen bien esta ópera y que buscan gags en lugar de ideas profundas y bien pensadas. Carsen tiene buenas producciones en su currículo –entre ellas el Anillo que se pudo ver en Barcelona–, pero esta no es una de ellas.
Un nuevo reparto resolvió algunos problemas y creó nuevos. La joven mezzo británica Anna Stéphany trazó un Octavian muy juvenil, más asociado con el adolescente que con el carácter más maduro que tiende a ser visto. Sus arranques resultaron muy apropiados: un joven que cuando no obtiene lo que desea se da a rabietas, una persona bastante insoportable –aunque estimable– que la Mariscala está a punto de despedir de su vida porque pide demasiado de ella. No siempre se ve este aspecto de Octavian, y fue algo para disfrutar. La voz, segura en todo el registro, y su buen fraseo le auguran una buena carrera por delante. Rachel Willis-Sorensen, por su parte, no es una cantante que destaque por presencia física, pero en esta producción eso fue una ventaja: aquí se tiene una Mariscala medianamente atractiva, que atrae a un joven por muchas razones; especialmente a este adolescente impetuoso y lleno de testosterona. La voz de Willis-Sorensen es fresca, de color bello, y posee buena línea, pero al igual con el primer elenco, no aportó un fraseo detallado ni el énfasis correcto. Quizás esto sea debido a la producción, que trata en todo momento de desmantelar el edificio tan meticulosamente creado por Hofmannstahl y que también ignora todas aquellas indicaciones orquestales tan precisas y divertidas de Strauss. Llegado el tercer acto, la intérprete de la Mariscala resolvió bien los problemas asociados con Sophie y cantó el trío con buen gusto y excelente voz. Si en la primera función la idea de que la Mariscala tome la mano del Comisario parece una pista sobre quién será su próximo amante, en esta ocasión pareció una opción descabellada. ¿Qué tipo de mujer, que ha pasado por lo que ha pasado esta Mariscala con Octavian, tendría el deseo de comenzar a flirtear, cuando pocos momentos antes ha declarado que está cansada de los hombres? Estos son los detalles que resultan imposibles de digerir dramatúrgicamente porque no tienen profundidad.
El resto del reaparto resultó convincente dentro de estas limitaciones de la producción. Matthew Rose puede ser que con un director más adecuado llegue a trazar un aceptable Baron Ochs, pero Sophie Bevan descolló como Sophie, mostrando un registro robusto pero con un agudo delicioso tomado a piano y flotado en el mejor estilo estraussiano.
Andris Nelsons impuso una lectura detallada con grandes variaciones de tempi, aunque menos que con el primer elenco. * Eduardo BENARROCH
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
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