OPINIÓN

Cesidio NIÑO,director artísticode ABAO-OLBE 
ÓPERA ACTUAL 198
( ENERO 2017)
 
Un inusual Stiffelio- (última vez en España en 1995) abre el nuevo año en la 65ª temporada de ópera de Bilbao. Un título que forma parte- del programa Tutto Verdi –ya en la recta final y que junto a un potente y universal Don Giovanni y a un pasional Andrea Chenier –con el que ABAO-OLBE conmemorará el 150º aniversario del nacimiento de su autor componen un estimulante aliciente para atraer a Bilbao a melómanos de cualquier punto de la geografía.
 
Este curso hemos disfrutado ya de una excelsa Lucrezia Borgia, aclamada por público y crítica, y de una fresca y juvenil Cenerentola, con jóvenes promesas que darán mucho que hablar en un futuro próximo. Nos aguarda un invierno dulce con figuras como Roberto Aronica y la triunfadora Angela Meade protagonizando la ópera de Verdi; Simon Keenslyside, Simon Orfila, Davinia Rodríguez y María Bayo en la inmortal obra de Mozart; recién cumplido el 225º aniversario del deceso del genio de Salzburgo, uno de los compositores que más discos ha vendido en 2016, derrotando a estrellas de rock y pop: más de dos siglos después, la música de Mozart sigue cautivando. Por algo será... En primavera disfrutaremos con Gregory Kunde, Anna Pirozzi, Ambrogio Maestri y Elena Zilio, un póker de ases para cerrar la temporada operística bilbaína.
 
Y seguimos trabajando y ultimando la programación para futuras temporadas. Tendremos mayor diversificación con títulos en italiano, francés y alemán; obras clave en la historia de la ópera que van a interesar a noveles, aficionados y melómanos. Para los primeros, habrá títulos que constituirán un atractivo bautismo de iniciación a un mundo del que no van a querer salir. Para los segundos, una oferta cultural amplia para cultivar, afianzar y engrandecer obras que ya conocen o que están por descubrir. Como siempre orientados a las grandes voces, la calidad de las producciones y la excelencia en las ejecuciones musicales, todo ello para experimentar en un mundo de sensibilidades, emociones e ilusión. La vida sin pasión, sin sentimientos es muy poca cosa, y la ópera es precisamente eso, un cúmulo de emociones en los que amores, traiciones, amistad, política o familia, es decir, la vida misma, siempre están presentes.
 
Nunca me cansaré de decir que la ópera es un espectáculo total, en el cual vemos no solo la base que lo vertebra: el canto. Además tenemos la música,- los libretos, la escenografía, el ballet, el vestuario o la iluminación a la que en los últimos años se han incorporado el vídeo y las proyecciones. La ópera es teatro, y el teatro como cualquier arte tiene que provocar nuestro ánimo. Y luego está la magia del directo... Lo que transmite un espectáculo presencial no hay HD, 3D, surround ni tecnología que pueda comparársele.
 
Olvidemos de una vez y para siempre los clichés a los que la ópera como género se ve sometida, y vayamos a disfrutarla. La sorpresa será mucho más grata cuando descubramos el placer que nos proporciona, pues la música nos iguala y equilibra y con seguridad, nos hace sentir mucho mejor. ¿Quién se atreve a renunciar a esto? 
 
 
 
 
 
 
 
 
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