The Royal Opera – Covent Garden
R. Strauss DER ROSENKAVALIER
Alice Coote, Renée Fleming, Matthew Rose, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Helene Schneiderman, Jochen Schmeckenbecher, Sophie Bevan. Dirección: Andris Nelsons. Dirección de escena: Robert Carsen. 20 de diciembre.
 
Matthew Rose (Barón Ochs) y Renée Fleming (Mariscala), en la producción de Robert Carsen © Royal Opera House
 
La nueva producción de Robert Carsen continúa desarrollando la idea que concibió para su montaje presentado en Salzburgo en 2005: la Mariscala pierde la melancolía –y la cursilería muchas veces asociada con el personaje– y Octavian es un joven más dispuesto y menos sumiso, con un pequeñísimo toque intelectual. También sorprende que Ochs vista ropa de oficial, pero dado que la producción está situada a pocos días del comienzo de la Primera Guerra Mundial es una idea válida.  Menos aceptable resultaba la presencia de generales y otros militares de menos rango en el palacio de Faninal minutos antes de la llegada del Caballero de la Rosa. Es lógico que este comerciante de armas –Hofmannstahl lo describe como proveedor de armas al frente holandés– trate de vender lo más posible, pero esta ocasión no es la más apropiada. Por su parte, Faninal se muestra como una figura menos frágil anímicamente en esta vorágine de actividad que es la entrada del Notario en el segundo acto; no se sigue la rutina que está indicada en la partitura y los personajes se persiguen el uno al otro sin demasiada ceremonia. Quizás el elemento que puede causar más reacciones adversas es la transformación del Posadero, que aparece vestido de mujer, pasando a ser su negocio un prostíbulo de alta categoría. Es una producción brutal para una época que esta por llegar a su fin.
El personaje más querido de la obra, La Mariscala, es quien indica con sus acciones que a pesar de todo la vida continúa: es ella quien se aleja del escenario a través de infinitas puertas al final del primer acto y es también quien toma el brazo que le ofrece un Comisario de Policía –sin duda, su próximo amante– al final de la obra al alejarse de la cama en la que se abrazan apasionadamente Octavian y Sophie. Un final con sabor agridulce.
Mientras que en Salzburgo estaba clarísimo que era el Fieldmarschall mismo quien conducía las tropas hacia un destino trágico –y entre sus oficiales se encontraba Octavian–, en esta nueva versión eso queda mucho menos claro: las figuras son de militares, pero desde la platea era imposible ver la figura del esposo de la Mariscala cayendo al frente de sus soldados. Una producción interesante que despertará muchas controversias.
Los fans de Renée Fleming habrán notado que las partes habladas no le iban bien a su voz, que perdía color y apoyo; en cambio se benefició con el final del primer acto, en el que alcanzó un buen nivel dramático, aunque su Mariscala pareció más bien una viuda alegre. Alice Coote fue un Octavian seguro de sí mismo, nada de adolescente; la voz corrió libre por el teatro, pero fue Sophie Bevan quien deleitó con una estupenda Sophie, perfecta de voz –y de figura– y de actitud despierta y libre, como corresponde a la hija de un hombre tan exitoso como Faninal, aquí un Jochen Schmeckenbecher que ofreció algo nuevo del personaje. Matthew Rose fue el Ochsde una época de transición, cantado con menos énfasis en manierismos vieneses y actuado como un semidelincuente de alcurnia. Simplemente fantásticos el Valzacchi de Wolfgang Ablinger–Sperrhacke y la Annina de Helene Schneiderman.
La dirección de Andris Nelsons hizo notar al público los más íntimos detalles de la feliz partitura. De vez en cuando los tempi cayeron y se volvieron lentos, pero en general la suya fue una lectura de muy alta calidad, como corresponde a un director de su categoría.  * Eduardo BENARROCH
 
 
 
 
 
 
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