The Metropolitan Opera House
Verdi NABUCCO
Plácido Domingo, Liudmyla Monastyrska, Russell Thoms, Jamie Barton, Dmitry Belosselskiy, Sava Vemic. Dirección: James Levine. Dirección de escena: Elijah Moshinsky. 12 de diciembre de 2016.
 
Liudmyla Monastyrska y Plácido Domingo protagonizaron Nabucco en el Met en el montaje ya conocido de Elijah Moshinsky © Metropolitan Opera / Marty Sohl
 
Una gran ovación de un público que desbordaba el teatro recibió a James Levine, que, como director musical emérito de la compañía, retornó al podio de su amado Met desde el que impartió una vez más su magistral musicalidad. La velada comenzó con una nítida y excitante obertura y Levine guió a los músicos durante toda la función con una perfectamente controlada inercia, sabiendo además apoyar a los solistas con su insuperable inspiración. Ello fue especialmente evidente en la labor con Plácido Domingo, que debutaba el rol titular de la obra en el Met en la que era su 329ª función en este teatro tras 45 años de colaboración artística. Sin duda alguna se trata de un milagro de longevidad vocal, aunque también es cierto que el tenor-ahora-barítono no tuvo una de sus mejores noches, ya que pasó por algunos momentos preocupantes; en todo caso, supo maniobrar con su acostumbrado aplomo y su enorme sabiduría teatral en las partes más importantes, como su aria “Dio di Giuda”.
El resto del elenco fue integrado por completo por jóvenes artistas de la nueva generación, con la audaz Liudmyla Monastyrska a la cabeza: como Abigaile, utilizó casi despiadadamente su talentosa voz de soprano y obtuvo, como resultado, una equilibrada recreación dramática y musical del rol. Dmitry Belosselskiy encaró la parte de Zaccaria con un voluminoso y rico registro central, pero sufriendo en los agudos y perdiendo por completo los graves en una  incompleta interpretación.  Los personajes mejor logrados fueron los de Ismaele, a cargo del seguro Russell Thomas, y Fenena, que no pudo haber tenido mejor encarnación que la de Jamie Barton. Sava Vemic protagonizó un digno debut como el Gran Sacerdote de Baal y Danielle Talamantes mantuvo con facilidad los expuestos agudos de Anna.
Juntamente con la orquesta, el coro fue el otro gran protagonista de la noche: desde el primer cuadro de la ópera hasta el final impactó con un nivel vocal y expresivo formidable, coronado con una interpretación del popular “Va, pensiero” tan emotiva que se vio obligado por al público a bisarla.
La estilizada producción de Elijah Moshinsky de 2001, con los grandes y eficaces decorados rotatorios de John Napier, define con claridad los dos bandos enemigos de la trama. El entusiasta público celebró la noche con espontáneas ovaciones a lo largo de toda la función, reservando las más sonoras para el final.  * Eduardo BRANDENBURGER.

 

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