Teatro Campoamor
Bellini  I CAPULETI E I MONTECCHI
Paolo Battaglia, Patrizia Ciofi, Serena Malfi, José Luis Sola, Miguel Ángel Zapater. Dirección: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Arnaud Bernard.  11 de diciembre.
 
Patrizia Ciofi y Serena Malfi fueron Julieta y Romeo en la producción firmada por Arnaud Bernard © Ópera de Oviedo / Iván Martínez
 
¿Puede un intérprete elevar una función correcta hasta convertirla en una más que buena experiencia para el espectador? Si cuenta a su favor con algún que otro elemento más, indudablemente la presencia de una voz de relieve consigue un punto de inflexión capaz de transformar una velada lírica cualquiera. Esto sucedió en el estreno de I Capuleti e i Montecchi de Vincenzo Bellini en la Ópera de Oviedo. Título infrecuente –de hecho en el Campoamor solo está documentada otra función anteriormente en 1984–, su reposición ha sido un acierto programático que ha permitido a los melómanos reencontrarse con el compositor italiano a través de una obra de hermosa factura y notable potencial expresivo, que aquí encontró magnífica resolución en sus apartados escénico y musical, a los que se sumó una prestación excepcional por parte de la soprano Patrizia Ciofi al frente de un elenco que cumplió en líneas generales y sobre el que ella destacó de manera clara y rotunda.
 
Ciofi encarnó una Giulietta pletórica, de exquisita línea de canto, depurada, huyendo del artificio para ganar el carácter del rol a través de una vocalidad limpia, especialmente afortunada en el registro medio y agudo, soberbia desde el punto de vista estilístico. Toda una lección de canto la suya que fue clave para elevar el tono vocal de una sesión que arrancó anodina, un tanto desganada, y acabó en éxito notable y satisfacción generalizada. Buena complicidad encontró en los dúos Ciofi con la mezzo Serena Malfi, Romeo entregado y de carácter al que solo se le puede achacar un tramo agudo demasiado forzado. En su regreso a Oviedo José Luis Sola no tuvo fortuna como Tebaldo, corto de volumen y con un sobreagudo destemplado y calante, especialmente en el primer acto. Solvente el Capellio de Paolo Battaglia al igual que el Lorenzo de Miguel Ángel Zapater.
 
Desde el foso, el debut de Giacomo Sagripanti se saldó con éxito. Su magnífica lectura de la obra, potenciando el noble discurso melódico de Bellini a través de un estupendo control foso-escena y en la búsqueda de una poética de trazo sutil y refinado, consiguió poner el foco en los aciertos, eliminando las sombras o carencias de algunos miembros del reparto. A sus órdenes la Oviedo Filarmonía firmó un buen trabajo, mientras que el Coro de la Ópera –estupendo en escena– no convenció en su prestación estrictamente vocal.
 
Encontró Sagripanti buena conexión con la propuesta escénica de Arnaud Bernard –una coproducción de La Fenice veneciana, la Ópera Nacional de Grecia y la Fundación Arena de Verona–, que encerró la acción en un museo en obras, haciendo a los personajes surgir de las pinturas, en una suerte de cuadros vivientes de fuerte potencial visual y magnífico fluir dramatúrgico.  * Cosme MARINA
 
 
 
 
 
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