Teatro de La Maestranza

Donizetti ANNA BOLENA

Angela Meade, Ketevan Kemoklidze, Simón Orfila, Stefano Palatchi, Ismael Jordi, Alexandra Rivas, Manuel de Diego. Dirección: Maurizio Benini. Dirección de escena: Graham Vick. 8 de diciembre.

 

Angela Meade fue la gran protagonista de Anna Bolena (en las fotos, junto a Ismael Jordi y Ketevan Kemoklidze) © Teatro de La Maestranza / Guillermo Mendo

 

El Maestranza puso un empeño enorme en estas funciones de Anna Bolena, que ya se pueden anunciar como unas de las más redondas en la historia reciente del coliseo. Se ha de empezar aplaudiendo a palma batiente el aspecto vocal de la propuesta. Contar en Sevilla con la soprano norteamericana Angela Meade, toda una experta en este repertorio, es un lujo que asombra en unos tiempos de profundos e intolerables recortes a la cultura. La existencia de una voz como la suya justifica por sí misma la defensa de este universo lírico. Emocionó y fue ovacionada como una diva. Pero no hubo atisbo de impostura, Meade mereció todos los parabienes. Su proyección fue rotunda, domina y controla los agudos, se mostró cómoda en la zona media y demostró tener un rotundo control de los reguladores, con afilados pianissimi. Fue una vibrante lección de canto que provocó nuevas lamentaciones por su cancelación en la Norma de este teatro hace un par de temporadas. Pero no fue una función a mayor gloria de ella, porque el elenco en su conjunto brilló al máximo nivel. La armenia Ketevan Kemoklidze conjuntó con Meade un dúo de redención –haciendo un símil flamenco– de partirse la camisa. Su voz, de hermoso tono dramático, corrió ancha y cómoda, sin estrangulamientos, con graves profundos. Su carrera promete ser importante. El tenor Ismael Jordi fue de menos a más, convenciéndose a sí mismo de su capacidad en el papel, y luciendo esa media voz con la que tan bien sabe frasear. El rey, encarnado por Simón Orfila, no tiene un rol vocalmente fácil, ni grato; el menorquín lo defendió bien, sin estridencias ni envaramientos. Excelentes Alexandra Rivas, Manuel De Diego y Stefano Palatchi.

 

Muy detallista el Coro del Maestranza, con intervenciones de gran ligereza y estilo. En el foso otro especialista, Maurizio Benini, extrajo lo mejor de una partitura donizettiana no tan sencilla melódicamente como otras, dirigiendo muy apegado al estilo, pero con algunos pasajes en los que aplicó con la batuta una mayor intensidad, poniendo a Donizetti a los pies de Verdi, subrayando el carácter grande del primero, al que poco favor se le hace cuando se airean otros de sus muchos títulos menores, indefendibles hoy. Escénicamente Graham Vick demostró que todavía en el siglo XXI hay espacio para lecturas literales cuando se manejan bien los elementos escenográficos y la iluminación. Esta Anna Bolena visualmente acompañó el canto con cuadros de rica intensidad cromática. * Ismael G. CABRAL

 

 

 
 
 
 
 
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