Roma
Teatro dell’Opera
Wagner TRISTAN UND ISOLDE
Rachel Nichols, Michelle Breedt, Andreas Schager, Brett Polegato, John Relyea, Andrew Rees, Rainer Trost, Gregory Bonfatti, Gianfranco Montresor. Dirección: Daniele Gatti. Dirección de escena: Pierre Audi. 27 de noviembre.
 
Rachel Nichols y Andreas Schager, Isolde y Tristan en Roma © Teatro dell’Opera / Yasuko Kageyama
 
Para Daniele Gatti Tristan und Isolde no es el poema del amor absoluto, sino el poema del anhelo por algo inalcanzable y el amor insatisfecho, según la teoría de Schopenhauer –el filósofo preferido de Wagner–, que afirmaba que los deseos pierden todo su atractivo en el momento mismo de su realización y que, por tanto, son fuente de continua insatisfacción y de infelicidad existencial. No es que lo descubra ahora, pero lo que cuenta es cómo influye en la interpretación del director milanés. Los personajes de su Tristan están replegados sobre ellos mismos y sobre su propio amor irrealizable, sobre el destino que les ha sido asignado desde el principio. Así, Gatti exige de la orquesta no ya el sonido wagneriano denso, espeso y macizo habitual, sino otro más recogido e íntimo. Del foso llegaron, sí, efectos de crescendo imperioso y arranques potentes, pero con mayor frecuencia se oyeron tonalidades ligeras y tersas, con matices siempre cambiantes. También los tempi fueron muy variados, adecuándose en mayor medida a las situaciones dramáticas. Momentos emblemáticos son la introducción orquestal al segundo acto, en la que Gatti obtuvo un sonido vítreo como la luz de la luna que ilumina la noche, la infinita tristeza que rodea las palabras del Rey Marke, el grito de dolor universal cuando Melot hiere mortalmente a Tristan o la luminosa muerte de Isolda por amor. Con esta interpretación Gatti inscribe su nombre entre los grandes directores wagnerianos.
Los cantantes se mostraron enteramente acordes con esta línea interpretativa del director, que contó también con casi todos ellos en las representaciones del mes de mayo en París. Era distinto en Roma, en donde el protagonista masculino fue Andreas Schager, que unía a su lírica morbidez la potencia heroica del Heldentenor de otros tiempos. Rachel Nichols (Isolde) cantó con voz límpida y nunca forzada, resultando especialmente sublime en la escena final, interpretada con una delicadeza y una luminosidad interior extraordinarias. John Relyea era un Marke de una gran riqueza humana y compasiva. Muy bien también el Kurwenal de Brett Polegato, pero un tanto pálida la Brangäne de Michelle Breedt.
También funcionaba en simpatía con la interpretación de Gatti la realización escénica. La bella escenografía de Christof Hetzer, puesta en valor por el diseño de luces de Jean Kalman, creaba atmósferas misteriosas. En el primer acto se sugería la estructura interna de una nave, mientras en el segundo aparecía un paisaje desolado en el que emergían los restos de un animal gigantesco; el tercero era puramente abstracto, con un rectángulo negro y una luz azul proyectada en el centro, mientras a un lado había una estructura de madera sobre la que yacía un cadáver, alusión quizá a algún rito ancestral. La dirección escénica de Pierre Audi era poética y sugestiva, aun reduciendo al mínimo gestos y movimientos, o quizá precisamente por esto. * Mauro MARIANI
 
 
 
 
 
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