Donizetti  Lucrezia Borgia
Temporada ABAO-OLBE 
22 de octubre de 2016
 
E. Mosuc, C. Albelo, M. Mimica, T. Iervolino, M. Atxalandabaso, J. M. Díaz, Z. Nagy, M. De Diego, F. Latorre, G. Olvera, J. Álvarez.
Euskadiko Orkestra Sinfonikoa. Coro de la Ópera de Bilbao. Dir.: J. M. Pérez-Sierra. Dir. esc.: F. Belloto. Palacio Euskalduna
 
Reportaje gráfico: ABAO-OLBE / E. MORENO ESQUIVEL 
 
Para la inauguración de su temporada, ABAO-OLBE ofreció este título donizettiano que hacía bastantes años que aquí no se programaba contando ahora con una coproducción estrenada en 2007 de los teatros de Turín, Bérgamo y Sassari firmada por Francesco Belloto. La propuesta situó la acción en su época, con un desarrollo más bien anodino, un vestuario de Cristina Aceti que, aunque no desentonó, decía bien poco, y con la iluminación de Fabio Rossi, a veces escasa y cuando mejor, solo cumplidora. La escenografía, de Angelo Sala, se resolvió con pocos elementos y permitió ubicar adecuadamente el desarrollo del argumento. En todo caso, resultó muy mejorable el movimiento de solistas y grupos, y los protagonistas cantaron casi siempre estáticos; nada molestó, pero no hubo chispa en el juego escénico.
Sobre el papel se contaba con un reparto de campanillas, pero la noche del estreno algo, y más que algo, hizo aguas. Elena Mosuc es una soprano de gran calidad, pero no llegó a lo esperable: sin negar su bello timbre, su consolidada tesitura y su línea de canto –acertada en general–, la cantante rumana estuvo desigual en los extremos del registro: no se escucharon sus notas graves y en los momentos finales, cansada quizás, ofreció unos agudos agrios, casi chirriantes. Sin embargo antes, en los dúos con Gennaro, había estado muy convincente. Marko Mimica dibujó un poco expresivo pero aun así notable Alfonso d’Este gracias a una voz potente y con empaque y Teresa Iervolino, tanto en voz como en presencia y movimiento, realizó un excelente Orsini; muy destacable en el rol de Rustighelo resultó la actuación de Mikeldi Atxalandabaso mostrando una gran voz, fraseo sentido, expresión y adecuada actuación. Muy firme se le vio a Fernando Latorre como Gubetta.
Cumplió adecuadamente el resto de comprimarios. El salvavidas de la función, que sin su presencia casi habría naufragado, fue Celso Albelo, debutando como un Gennaro sin pegas: la voz hermosa, la entonación precisa, la emisión limpia y poderosa; los agudos timbrados y sostenidos consumaron una actuación espléndida.
En el corto cometido que tiene la masa coral, el Coro de la Ópera de Bilbao cantó bien y afinado; la Euskadiko Orkestra Sinfonikoa aportó buen sonido, algo que se notó especialmente en los solos orquestales en los que José Miguel Pérez-Sierra supo llevar al conjunto con justa viveza; quedó claro que el maestro sabe cuidar a los cantantes, plegándose a su mejor comodidad, dándoles espacio y respiro, pero ello en ocasiones fue en detrimento del resultado final por los contrastes tan evidentes. Pero si el prólogo no acabó de convencer, siempre estuvieron presentes los tempi premiosos y cómodos para las voces.  *José Miguel BALZOLA 
 
 
 
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