En la Italia de finales del siglo XVI, en el marco que vio nacer al Humanismo, tuvo lugar una auténtica revolución. En el intento de resucitar la tragedia griega, un grupo de intelectuales y artistas creó un nuevo género literario musical que cambiaría el curso de la historia sonora y de la sociedad en su conjunto: la ópera.
 
Verónica MAYNÉS
ÓPERA ACTUAL 195
(OCTUBRE 2016)
 
 
La ópera es la fusión de poesía y música, unión indisoluble en la que participan también el teatro y la danza. Esta síntesis ya existía desde tiempos inmemoriales: según diversas investigaciones, los espectáculos teatrales del Egipto faraónico y de la antigua Grecia integraban texto y sonido con danza y acción dramática. El trovero Adam de la Halle escribió en 1285 Le jeu de Robin et de Marion, una colección de cantos en la que ciertos personajes realizan una acción escénica. Pero fue en la Italia renacentista donde se dieron una serie de géneros literario-musicales que intervinieron directamente en la gestación de la ópera. El madrigal –composición poético-musical a una o varias voces, que podía ser representada– fue un campo de experimentación en el que investigar cómo traducir musicalmente los estados de ánimo, las pasiones y los paisajes descritos en la poesía. También los intermedi, especta­culares montajes escénico-musicales que se interpretaban en los entreactos de obras de teatro, fueron antecesores directos de la nueva forma. Eran cuadros vivientes de temática mitológica, que incluían voz solista acompañada por instrumentos, y representaban musicalmente las emociones literarias, pudiendo llegar a eclipsar la obra teatral en la que estaban interpolados. Decisivo fue al respecto el drama La Pellegrina, presentado en Florencia en 1589 para celebrar el matrimonio entre Fernando I de Medici y Cristina de Lorena. Entre los autores de los seis intermedi de los entreactos –con mitos que aludían al poder de la música–, se hallaban Jacopo Peri y Giulio Caccini, artífices de las primeras óperas. La commedia dell’arte, con sus personajes arquetípicos representantes de las diversas clases sociales, influenció en la creación de los modelos operísticos de tipo cómico.
 
 
La Camerata
Ninguna de dichas manifestaciones sonoro-literarias, en todo caso, se puede considerar una ópera como se entiende actualmente. La verdadera revolución se produce a finales del siglo XVI en Florencia, cuando un grupo de eruditos, poetas y músicos –liderados por su promotor, el noble humanista Giovanni Bardi (Florencia, 1534-1612)– discute acerca del origen de la tragedia griega y sobre la participación de la música en su representación. En su deseo de realizar un renacimiento de la música y del teatro griego, sus investigaciones culminan en un importante hallazgo: la música, el teatro y la danza estaban integrados para representar el drama. Entre los miembros de este cenáculo conocido como la Camerata florentina o Camerata Bardi, se hallaban Girolamo Mei y Vincenzo Galilei (padre del astrónomo). Mei (Florencia, 1519-Roma, 1594) realizó fructuosas investigaciones sobre la música en la antigua Grecia que desembocaron directamente en el nuevo estilo musical: llegó a la conclusión de que la música griega consistía en una melodía reproducida por un solista o un coro, cuyo ritmo se basaba en el de las palabras y que podía ser acompañada instrumentalmente. Esta única melodía causaba gran impresión en el oyente y provocaba emociones, para lo cual se debía enfatizar en el acento natural del habla o acelerar y detener el tempo para plasmar todo tipo de estados anímicos.
Vincenzo Galilei (Santa Maria a Monte, 1520-Florencia, 1591), excelente lautista, publicó en 1581 su Dialogo della musica antica e della moderna, en el que criticaba la polifonía contrapuntística; para él la ejecución simultánea de distintas melodías, ritmos y textos provocaba un caos en el oyente que imposibilitaba la justa traducción del significado de las palabras y anulaba sus efectos expresivos. Por ello el ideal musical sería el de una línea vocal entonada de manera declamatoria y natural, sustentada por un sencillo acompañamiento instrumental: el recitativo, que constituirá la esencia de un nuevo estilo, el stile rap­presentativo.
 
 
El nuevo género
Otro grupo de compositores liderado por el noble Jacopo Corsi (Florencia, 1561-1602), presentó hacia 1598 la obra Dafne para celebrar los carnavales florentinos: con música de Jacopo Peri (Roma, 1561-Florencia, 1633) y libreto de Ottavio Rinuccini (Florencia, 1562-1621), se podría considerar como la primera ópera de la historia. El nuevo género musical –llamado dramma per musica o favola in musica, puesto que el vocablo ópera se comenzó a utilizar posteriormente– tomó la forma de las fábulas pastorales. Con toda probabilidad el libreto se cantaba de principio a fin con una melodía acompañada por bajo continuo. La representación incluía decorados, vestuario y maquinaria escénica; desgraciadamente solo se conserva algún fragmento de este drama pastoral con monodia acompañada.
Poco después, los mismos autores de Dafne escriben L’Euridice, estrenada en el Palazzo Pitti en 1600 para celebrar el matrimonio entre Enrique IV de Francia y María de Medici. En el prólogo de L’Euridice, Peri presentó su teoría del nuevo estilo recitativo: para lograr la máxima claridad en la declamación del texto, el intérprete debía recitare cantando, es decir, realizar una ejecución a medio camino entre el habla y el canto. Peri ambicionaba una reproducción cristalina del texto, técnica novedosa que debía “imitare col canto chi parla” subrayando la natural acentuación de las palabras de manera que los vocablos encontraban su mejor y más espontánea traducción sonora.
 
Le nuove musiche
En 1602 otro miembro de la Camerata, el músico Giulio Caccini ( Tívoli, 1550-Florencia, 1618), publicó una importante colección de canciones en el nuevo estilo de la monodia acompañada recogida en Le nuove musiche, todo un manifiesto del incipiente estilo barroco. Caccini habla con todo detalle sobre cómo debe ejecutarse la monodia o sobre la ornamentación que debe elegir el cantante para plasmar determinados sentimientos y pasiones. El compositor define el nuevo estilo como “in armonia favellare” –hablar con armonía sonora–, un modo de cantar que genera gran espontaneidad interpretativa, necesaria para traducir los textos con la máxima fidelidad.
Le nuove musiche de Caccini representa el inicio de una nueva era en el mundo del canto que influirá directamente en el entonces naciente género operístico. 
 
___________________________________________________
 
“Para lograr la máxima claridad en la declamación del texto, el intérprete del nuevo género debía recitare cantando, entre el habla y el canto”
 
___________________________________________
 
 
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00