MI VERSIÓN FAVORITA

La inigualable ópera de Giuseppe Verdi inaugura este mes el curso del Teatro Real de Madrid. En las recomendaciones gana por goleada el moro de Plácido Domingo.
 
ÓPERA ACTUAL 194
(SEPTIEMBRE 2016)
 
 
La dirección de Riccardo Muti es factor decisivo al optar por una versión en vídeo de Otello. Al frente de una orquesta y unos coros sin parangón posible en este repertorio, los de La Scala de Milán, –¡qué placer, oir “Dio, fulgor della bufera” con el vigor y la pronunciación exactas!–, Muti subraya, acentúa e indaga en la partitura verdiana sin el efecto ponderoso de otras lecturas. La producción de Graham Vick, sobre un diseño escenográfico de Ezio Frigerio sin otra pega que un impresentable jergón en el cuarto acto y un vestuario espléndido de Franca Squarciapino, aporta lógica escénica y poca novedad –La Scala inspira, pero también limita– y la obra se sigue sin sobresaltos. Plácido Domingo exhibe un canto sonoro y vibrante al lado de una Barbara Frittoli eficaz y de un Leo Nucci que, aun con sus bruscos ataques habituales, es un Iago de fraseo y emisión impecables. Cesare Catani –¿alguien recuerda su presencia en 2005 en uno de los foyers liceístas?– es un aceptable Cassio. Una curiosidad: en los subtítulos los nombres de quienes intervienen en los números de conjunto, ya sean solistas o sectores del coro, aparecen junto a los textos respectivos. 
* Marcelo Cervelló
 
 
 
Hay media docena de versiones de Otelloprotagonizadas por Plácido Domingo, incluida la banda sonora del filme dirigido por Franco Zeffirelli. Probablemente, la interpretación más ricamente matizada en lo vocal y teatral es la que grabó en la Royal Opera House de Londres en 1992, bajo la dirección de Georg Solti. El montaje, dirigido escénicamente por Elijah Moshinsky, es clásico, frío y oscuro, pero eficaz en los cambios de escena; cuenta con un espléndido vestuario de Peter J. Hall y una impecable realización televisiva de Brian Large que permite apreciar la impresionante caracterización de Otello que ofrece el tenor madrileño en un momento vocal óptimo. Musicalmente, Domingo no deja cabos sueltos en una interpretación de asombrosos y sobrecogedores matices, identificado con el planteamiento dramático de Solti, que obtiene un gran rendimiento del coro y la orquesta. Kiri Te Kanawa firma su mejor Desdemona, con un canto elegante y refinado. Menos notable es la actuación de Sergei Leiferkus, que no acaba de hacerse con el personaje en su debut en el rol. El sello Opus Arte reeditó el montaje originalmente publicado por el desaparecido sello Pioneer.
 * Javier PÉREZ SENZ
 
 
Elegante y caligráfica es la puesta en escena de Elijah Moshinsky, con apuntes dramatúrgicos que aluden directamente al original shakesperiano, para solaz del siempre circunspecto público del Covent Garden. La suntuosidad coral y orquestal de las huestes internas de la Royal Opera House está asegurada en manos de un Georg Solti generoso en empaque sonoro y densidad discursiva, con energía contagiosa en el arranque y con lirismo nada melifluo en el dúo conclusivo del primer acto o en la Canción del sauce y la preghierade Desdemona del cuarto. Plácido Domingo se encontraba entonces, 17 años después de haber debutado el papel de Otello, pletórico en la piel del moro de Venecia: actoralmente entregado y convincente, la vocalidad presentaba aún brillantez en el agudo y robustez en los graves. Compañera ideal de reparto, la neozelandesa Kiri Te Kanawa es una Desdemona dulce y refinada. El paso de la soprano maorí por Mozart y Strauss se nota en el buen gusto en el fraseo y en una presencia escénica radiante. Incisivo, aunque sin el squillode sus colegas italianos, el Iago de Sergei Leiferkus cumple y escénicamente es lo que debe ser: un ser repugnante. 
* Jaume RADIGALES
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
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