NOVEDAD DISCOGRÁFICA

 
Verdi, Giuseppe
(1813-1901)
Giovanna d’Arco
Anna Netrebko, Francesco Meli, Carlos Álvarez, Dmitry Beloselsky. Dir.: Riccardo Chailly.
Dir. esc.: Moshe Leiser y Patrice Caurier. Decca 074 3917. 1 Dvd. (2015). 2018. 136 m.
 
Marcelo CERVELLÓ
ÓPERA ACTUAL 215
(JULIO-AGOSTO 2018) 
 
Si ya al hablar de la versión en Cd publicada por Deutsche Gram­mophon con los mismos intérpretes en dos de los tres papeles principales (ver ÓPERA ACTUAL 172) el recensor tenía que hacer referencia al desvencijado libreto de Solera y a la faena de aliño que Verdi tuvo que hacer al ponerlo en música, cuando entra en liza la vertiente visual del espectáculo los problemas se agudizan.
En La Scala el título llevaba 150 años sin aparecer cuando fue elegido para abrir la temporada 2015-16 en esta versión, encomendada en lo musical al actual director de la casa, Riccardo Chailly, y en lo escénico a la pareja formada por Moshe Leiser y Patrice Caurier, quienes aun cuando no suelen apuntarse a las juergas de estos tiempos hicieron un esfuerzo por mostrarse originales. Si es que puede considerarse original el recurrir al expediente de una mente alucinada y enferma para poner en pie de guerra a la acción dramática, que ya sería considerar. Un escenario único al que dan variedad proyecciones de toda laya, unos pocos trastos escénicos con una cruz monumental, diablillos varios y un vestuario que comprende espectaculares envolturas a lo Ferrero Rocher para Juana y Giacomo y modelos de diario para el coro, sirve para explicar toda la ubicación dramática, que alterna la ambientación bélica con el interior burgués que alberga el tambaleante estado mental de la enferma.
 
Los deterioros, contra lo que podría pensarse, no son demasiados. Chailly, con el concurso de una orquesta y un coro excelentes, da brillo a la partitura, que falta le hace, y muestra auténtica zarpa verdiana. De Anna Netrebko, en una época en que ante el escaso contingente de divos se da a los pocos que quedan el tratamiento de excelencia ilustrísima, se ha dicho ya prácticamente todo y aquí tendrá el aficionado ocasión de llegar a sus propias conclusiones. Magnífico tratamiento del canto spianato y del sonido flotado y alguna irregularidad en el perfilado de un registro agudo que, en cualquier caso, es suficiente, y buena voluntad en el aspecto interpretativo. Poco más se podía hacer con un papel que es de estampita de colegio.
 
Francesco Meli, más aclamado por la voluntad de hacer de él una figura que por serlo, está correcto en la emisión y tiene un timbre agradable, pero el canto es muy plano. Carlos Álvarez, que no cantó las primeras funciones por culpa de una indisposición, en esta séptima de la serie certifica que nadie puede toserle hoy en estos papeles y con sus compañeros defiende con uñas y dien­tes una obra que, aun cogiendo al compositor en un día en que estaba algo distraído, siempre será de Verdi. Y eso, cómo no, hay que saber agradecérselo.  
 
 
 
 
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