MI VERSIÓN FAVORITA

 
El Palau de les Arts incorpora a su repertorio la poco programada ópera verdiana, y para prepararse el estreno nuestros expertos proponen sus versiones favoritas.
 
 
M. Caballé, C. Bergonzi, P. Cappuccilli, R. Raimondi, W. Elvin. New Philharmonia O. Dir.: Lamberto Gardelli. Philips E4758703. 2Cd. (1974) 1989. 
 
Cuando aún no imperaban las más o menos interesadas consignas de las redes sociales, una corriente de opinión crítica con el poco añorado Rodolfo Celletti de ruidoso abanderado proclamaba a los cuatro vientos que los verdis di galera de Lamberto Gardelli eran poco menos que infumables. No avala la tesis su versión de I masnadieri, uno de sus mejores logros en este campo, y para un título que apenas tiene competencia discográfica el controvertido director saca el estofado del horno con relativa dignidad. Le ayudan los protagonistas de los papeles principales, con un Carlo Bergonzi que una vez más acredita su condición de tenor verdiano por excelencia y una Montserrat Caballé que sin la misma denominación de origen controlada se muestra capaz de negociar las más endiabladas escalas y las puntature más abruptas con esa riqueza tímbrica que la hizo inimitable. Piero Cappuccilli narra bien el sueño del cuarto acto pero le falta nobleza vocal –el personaje no la tiene, pero el canto sí– y no logra diferenciar su voz de la de Ruggero Raimondi en el cuarteto del finale primo. Celletti acertaba al señalarlo. El bajo boloñés estaba en buena forma y aún no había sido captado por la actual y vergonzante secta de los bajos-barítonos. John Sandor, por su parte, demuestra con su desvencijado Arminio que sus nada memorables aportaciones a las temporadas liceístas no fueron mera casualidad.  * Marcelo CERVELLÓ
 
 
M. Caballé, C. Bergonzi, P. Cappuccilli, R. Raimondi, W. Elvin. New Philharmonia O. Dir.: Lamberto Gardelli. Philips E4758703. 2Cd. (1974) 1989.
 
Entre los mayores logros del ciclo de óperas del joven Giuseppe Verdi dirigido por Lamberto Gardelli destaca esta versión de I masnadieri grabada en 1974 en Londres –la ciudad donde se estrenó esta ópera– con un reparto de ensueño. En un papel de exigente coloratura verdiana, Montserrat Caballé ofrece una interpretación espectacular de Amalia, tanto por la belleza vocal como por el dominio técnico y la expresividad. A su lado, Carlo Bergonzi, ya en el tramo final de su carrera, acredita su dominio del estilo verdiano y la nobleza de un fraseo magistral, capaz de dar carácter y fuerza expresiva al personaje de Carlo. La tercera lección magistral de canto verdiano que atesora esta grabación la imparte Piero Cappuccilli, que firma un Francesco de acentos incisivos, firmes agudos y gran temperamento. Junto a estas tres grandes voces, de fiato portentoso, figura un joven Ruggero Raimondi que brilla ya con cierta fibra verdiana en el papel de Massimiliano. Hay mucha fuerza, con un punto de rudeza orquestal muy eficaz en el estilo enérgico y apasionado del joven Verdi, en la dirección de Lamberto Gardelli, con una excelente respuesta del Ambrosian Singers Chorus y la brillante respuesta de la New Philharmonia Orchestra. La grabación mantiene esa contundencia orquestal, sin maquillajes tecnológicos como los de hoy, con espacialidad sonora y relieve en los detalles.  * Javier PÉREZ SENZ
 
 
J. Sutherland, F. Bonisolli, M. Manuguerra, S. Ramey. O. Ópera Nacional Galesa. Dir.: Richard Bonynge. Decca 448 553-2. 2Cd. (1983). 1996.
 
El cuidado que tiene el director australiano Richard Bonynge con esta partitura verdiana, inspirada en Die Räuber de Friedrich Schiller, es total y absoluto. La belleza que confiere al acompañamiento de las piezas prototípicas del Verdi di galera en las que se enmarca I masnadieri no tiene rival. La opción Gardelli puede ser igualmente interesante, pero Bonynge fue siempre mucho más escrupuloso. Y está muy atento para que no se le vaya de las manos la concepción ocasionalmente popular de esta partitura. Resultado extraordinario, pues, ante las huestes de la Ópera Galesa. Su esposa, Joan Sutherland, no tiene la espontaneidad ni la pureza vocal de los registros de la década de 1970 y anteriores, pero su Amalia sigue siendo una lección de estilo ante una pieza que aún vive de los réditos del bel canto romántico. Franco Bonisolli es aquí un Carlo de voz poderosa, robusta y broncínea, que luce grandes cualidades en “O mio castel paterno” y que en “Nell’argilla maledetta” acaba de redondear una prestación más que notable. No obstante –y dejando a un lado la ya comentada labor de Bonynge– el lujo de la versión son las dos voces graves: un Francesco que en manos de Matteo Manuguerra tiene una nobleza en el canto que hace justicia al prototípico barítono verdiano, y un Massimiliano que en boca de Samuel Ramey hace añorar tiempos pasados tampoco tan lejanos.  * Jaume RADIGALES
 
 
 
 
 
 
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