MI VERSIÓN FAVORITA

Nuestros críticos no tienen ninguna duda: el mejor Roméo de la discografía es el interpretado por el mítico tenor Alfredo Kraus bajo la batuta de Michel Plasson.
 
A. Kraus, C. Malfitano. J. Van Dam, G. Quilico,
A. Murray, G. Bacquier. Dir.: M. Plasson. Emi 1732058. 3 Cd. 1983.
 
Michel Plasson dirige con su buen gusto habitual una versión de Roméo et Juliette que, aunque más completa que la clásica de Alain Lombard, omite el ballet del cuarto acto –que compensa con el Épithalame y el aria “Amour, ranime mon courage”–, la intervención de Capulet en el cierre del primer acto y una quintilla de Frère Laurent que alude a la tumba en que despertará Juliette, corte que hará incomprensible el “C’est là” del verso siguiente. Se trata de una dirección bien acentuada que revela todos los secretos de una partitura que no tiene desperdicio. El grupo de solistas es de gran nivel –su posterior versión con Alagna y Gheorghiu no lo alcanzará–, presidido por un Alfredo Kraus intocable en este papel. Decidor y brillante, opta por la tesitura original en Si mayor de la Cavatine y puede adornar el final de su tercer acto con un resplandeciente Do de insultante facilidad. Sorprende a su lado la facilidad con que adapta su fraseo y el mecanismo de agilidad Catherine Malfitano a una emisión más ligera de lo que era su repertorio habitual, y se hacen notar para bien las intervenciones de Ann Murray, magistral en la chanson de Stéphano, Gabriel Bacquier, José Van Dam, el desenvuelto Mercutio de Gino Quilico y la siempre fiable Jocelyne Taillon. Kraus, en todo caso, es quien decide el favoritismo de esta versión, aun contando para ello con la categoría de sus acompañantes.  * Marcelo CERVELLÓ
 
 
A. Kraus, C. Malfitano. J. Van Dam, G. Quilico,
A. Murray, G. Bacquier. Dir.: M. Plasson. Emi 1732058. 3 Cd. 1983.
 
La magistral interpretación de Alfredo Kraus convierte en referencia esta versión grabada en 1983 bajo la experta, elegante e inspirada dirección de Michel Plasson, que doce años después volvería a registrar esta ópera, también para Emi, con una magnífica pareja formada por Roberto Alagna y Angela Gheorghiu, y en su versión íntegra, con el ballet del segundo cuadro del cuarto acto, ausente en esta primera grabación. Kraus eleva el listón a lo más alto con un dominio del estilo, un derroche de elegancia y nobleza expresiva en el fraseo y una técnica perfecta. Nunca se precipita y administra sus recursos con sabio temple, de forma que en ninguna escena, en cada aria y cada uno de los portentosos dúos de esta exquisita ópera, el personaje de Roméo pierde su esencia. Cierto es que Alagna posee una dicción y un impulso más natural para recrear al joven amante, pero en términos de interpretación, la lección que imparte el canario es sencillamente magistral. Se admira en Catherine Malfitano la sinceridad expresiva y el talento dramático, aunque la voz no es la ideal para las escenas más ligeras de Juliette. Aún así, emociona por temperamento y sentido teatral. Gran Capulet del veterano Gabriel Bacquier, muy notable Mercutio de Quilico y estupendo Stéphano de Ann Murray. Plasson acierta tanto en la recreación de atmósferas y colores como en el pulso de una construcción dramática impecable y rica en matices.  * Javier PÉREZ SENZ
 
 
A. Kraus, C. Malfitano. J. Van Dam, G. Quilico,
A. Murray, G. Bacquier. Dir.: M. Plasson. Emi 1732058. 3 Cd. 1983.
 
Grabación muy completa –aunque sin el ballet– y realmente extraordinaria de la segunda ópera más célebre de Charles Gounod –después de Faust– y con el protagonismo de un Alfredo Kraus pletórico que, con 56 años, asumía el papel de Roméo con insultante y radiante esplendor. Medios sobrados al servicio de un Montesco redondo en lo que a musicalidad y expresividad se refiere, y que puede servir como excelente argumento contra los que sostenían –y siguen haciéndolo– que el tenor canario era un intérprete frío. Asistan a esa lección de estilo y ya me dirán ustedes. No se queda a la zaga la Julieta de Catherine Malfitano, que vocalmente no posee la pureza cristalina de otras intérpretes del rol, pero que asume con propiedad la parte de una adolescente de 14 años con la inocencia requerida en los dos primeros actos y la madurez impuesta a los tres restantes. Otras dos lecciones más son las que imparten en este disco de estudio José Van Dam y Gino Quilico en las partes de Frère Laurent y Mercutio, respectivamente, con un Gabriel Bacquier que es todo un lujo bajo la piel de Conde Capuleto. Aunque si hablamos de lujo hay que referirse también a la sobrebia labor de Michel Plasson desde el podio y ante los efectivos del Théâtre du Capitole de Toulouse, que en aquel entonces vivía, gracias al maestro francés, uno de los grandes momentos de su historia reciente. Formidable.  * Jaume RADIGALES
 
 
 
 
 
 
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