Teatro Massimo
Donizetti. LA FAVORITA
Sonia Ganassi, Clara Polito, John Osborn, Simone Piazzola, Marko Mimica, Blagoj Nakoski, Carlo Morgante. Director: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Allex Aguilera. 28 de febrero de 2019.
 
Sonia Ganassi construyó una Léonor ideal en esta obra maestra de Donizetti // Teatro Massimo / Franco LANNINO 

Robert Schumann dejó escrita un juicio lapidario sobre La Favorita: “Es una ópera para títeres”. Pero añadió “Solo he escuchado dos actos”. Efectivamente, los dos primeros actos son algo flojos, pero si hubiera tenido la paciencia de oír los dos restantes –hermoso el tercero, sublime el cuarto– habría cambiado probablemente de opinión. Y quizás lo hubiera hecho respecto de los dos primeros si los hubiera oído dirigidos por Francesco Lanzillotta, que demostró que esta música dista mucho de ser para títeres y que está orquestada con mucho cuidado y refinamiento. La orquesta en esta grand opéra presenta una gran riqueza de matices, de colores y de expresión y no constituye solo un fondo genérico sino que contribuye a crear las diferentes situaciones dramáticas con un papel en nada inferior al de las voces. El joven director italiano tiene fantasía interpretativa, sensibilidad y elegancia, lo que unido a un gesto preciso y seguro consigue obtener de la orquesta del Teatro Massimo una respuesta tan buena como la que le da el coro preparado por Pietro Monti.
La Favorita fue escrita para cuatro estrellas de la Ópera de París de 1840 y también en Palermo pudo disfrutar de un reparto formidable. Sonia Ganassi fue una Léonor ideal, contenida y no por ello menos intensa, interpretando de modo ejemplar a este personaje complejo y atormentado. John Osborn confirmó ser un maestro en este repertorio, con un canto jugado todo sobre la respiración, con smorzature y reforzamientos calibrados al milímetro y agudos resueltos con total facilidad. Su dicción francesa es perfecta y da el debido relieve a cada nota del recitativo. El público, totalmente conquistado, pidió el bis del “Ange si pur”. Simone Piazzola cantó muy bien la cavatina de Alfonso XI “Léonor! Viens” y la cabaletta sucesiva, pero hubiera podido trabajar más las dimensiones psicológicas del personaje, que es real y poderoso pero también incierto y contradictorio. Si necesidad de forzar una voz no particularmente potente como la suya Marko Mimica acertó a transmitir con su sentido del estilo la nobleza y gravedad de Balthazar. Bien en los papeles menores Clara Polito, Blagoj Nakoski y Carlo Morgante. Otro elemento de punta en esta producción fueron las bellísimas telas pintadas de Francesco Zito, que remitían a una foma antigua de presentar las óperas. El propio Zito firmaba también el elegante vestuario. También el director de escena Allex Aguilera quiso reproducir de alguna manera la manera de hacer la ópera del siglo XIX, pero el resultado se tradujo en una regia prácticamente inexistente. La coreografía de Carmen Marcuccio se adecuó bien, en cambio, al gusto ottocentesco del decorado y de los trajes.  * Mauro MARIANI