Staatsoper Unter den Linden
Mozart  LA FLAUTA MÁGICA
Kwangchul Youn, Julian Prégadien, Serena Sáenz Molinero, Tuuli Takala. Dirección: Alondra de la Parra. Dirección de escena: Yuval Sharon. 17 de febrero de 2019. 
 
La desastrosa producción de Yuval Sharon acabó con sonados abucheos del público // Staatsoper Unter den Linden / Monika RITTERHAUS
 
 Las expectativas eran altas y grande el convencimiento de que el estreno sería maravilloso. Una producción del regista, que tras su exitoso debut con Lohengrin en Bayreuth ha saltado a la primera fila, buenos solistas, el coliseo con más pedigrí y una batuta reputada, una orquesta experimentada, muchas personalidades de la política y de la cultura en los palcos y un enigmático cuento de hadas sobre el secuestro y la superación de pruebas, el amor y la masonería: La flauta mágica, de Mozart. Pero casi todo se truncó. La puesta en escena del estadounidense Yuval Sharon resultó una catástrofe. Presentó la última obra de Mozart a modo de teatro de marionetas, una idea, que, aún ajustándose a la original, relegó la magia a una sucesión de figuras volantes sin posibilidad de articulación. A Sharon le faltó amor y cuando no hay amor aparecen los problemas. Las intenciones desaparecen.
Deshumanizó a los personajes convirtiéndolas en figuras del mundo de Toy Story de Pixar, de Lego, de Playmobil, de Nikki de Saint Phalle e incluso algo del estilo manga japonés. El corsé de los solistas-juguete fue notorio, especialmente en el caso del intrépido príncipe Tamino, interpretado por Julian Prégadien. Restó presencia a la Reina de la Noche Tuilo Takalas, dejándola colgada al fondo del escenario, y, a Sarastro (Kwangchul Youn) le dio un toque manga que restó oscuridad al personaje. Las tres damas de la Reina de la Noche aparecieron apretujadas en una plataforma volante, sin ningún encanto y seducción. 
A ello se sumó que el maestro Franz Welser-Möst tuvo un problema en la rodilla y fue sustituido a última hora por la mexicana Alondra de la Parra y que la soprano estrella de la Staastoper Unter den Linden, Anna Prohaska se puso enferma y el papel de Pamina se lo dieron a la española Serena Sáenz Molinero, aún en formación. El rol de Papageno, como en el estreno de esta obra hace 228 años, estuvo encarnado por un actor, Florian Reichtmeister, que además no canta. Estaba sobrecargado.
La lluvia de abucheos que se vivió en la noche del estreno fue apoteósica. Los solistas se salvaron, aunque los aplausos fueron los justos e inmerecidamente breves. Porque el bajo Kwangchul Youn ofreció un Sarastro excelente, el poder de las coloraturas de Takalas se clavaron como puñales de hielo en el alma y Sáenz Molinero, una playmobil con peluca rubia, se hizo notar por su timbre, hermoso y claro, y un control perfecto del alemán. Lástima que De la Parra fuera tan discreta y serena en su conducción. A su batuta le faltaron nervio, ritmo y decibelios.* Cocó RODEMANN