Staatsoper
Mozart IDOMENEO
Bernard Richter, Rachel Frankel, Valentina Nafornita, Irina Lungu, Pavel Kolgatin, Carlos Osuna, Peter Kellner. Dirección: Tomás Netopil. Dirección de escena: Kaspar Holten. 9 de febrero de 2019.
 
El plantel vocal, a pesar de no brillar especialmente, salvó esta función que presentaba una gris propuesta escénica de Kaspar Holten // Wiener Staatsoper / Michael PÖHN 

A la edad de 25 años Mozart compuso su primera ópera grande, de maravillosa música. Hay mucho en ella de estilo barroco, pero aplicado a emociones verdaderas en los personajes. Como su penúltima ópera, La clemenza di Tito de diez años más tarde, Idomeneo es un auténtica opera seria, una creación que exige la máxima tensión. En la línea de Nikolaus Harnoncourt, la mayoría de directores prefieren hoy día los tempi rápidos, un hermoso sonido y acentos no especialmente marcados. También en esta ocasión, en una producción de 2014, todo parecía igual y en parte aburrido, culpa también de una versión escénica que no destacaba el carácter de los personajes y hacía poco por contar el argumento. En escena se veían cuadros coloristas que satisfacían a la vista pero que carecían de auténtico sentido.
Presentar así Idomeneo es un grave error y una versión en forma de concierto hubiera sido una buena alternativa. La dirección de Tomas Netopil, además, pareció soporífera. Con la única excepción del muy acertado Pavel Kolgatin, al que no se le permitió cantar las dos arias de Arsace, y del sólido Gran Sacerdote de Carlos Osuna, todos los demás cantantes eran nuevos en esta producción. Como protagonista, Bernard Richter no pudo repetir el éxito logrado aquí en 2017 en su debut como Pelléas. Su Idomeneo careció de la belleza vocal y del fraseo dinámico necesarios, y aunque cantó bien la difícil “Fuor del mar”, su coloratura resultó abrupta y poco dominada. Rachel Frankel fue un Idamante irreprochable pero la voz parecía demasiado ligera y no tenía el necesario timbre de mezzosoprano; en su rondó “Non temer” estuvo acompañada por un maravilloso solo de violín. Vlentina Nafornita (Ilia) mostró una buena línea de canto pero acabó resultando tan poco interesante como sus compañeros. Elettra tiene que cantar una aria en cada acto, poderosa la primera y la famosa aria de venganza “D’Oreste, d’Ajace” al final. Con ellas, Irina Lungu pudo acreditar un soberbio esplendor vocal. Peter Kellner completó el cuadro de solistas como La Voce y el coro estuvo a un gran nivel.  * Gerhard OTTINGER