Teatro dell’Opera
Donizetti ANNA BOLENA
Maria Agresta, Carmela Remigio, Martina Belli, René Barbera, Alex Esposito. Dirección: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Andrea De Rosa. 20 de febrero de 2019.
 
Las voces femeninas de la obra de Donizetti deslumbraron en Roma, especialmente Maria Agresta en el papel de Anna Bolena y Carmela Remigio en el de Giovanna Seymour // Teatro dell’Opera / Yasuko KAGEYAMA
 
Con Anna Bolena un Donizetti de treinta y tres años, ya liberado de la influencia rossiniana, llegaba a su madurez artística y dejó escrita su primera obra maestra, la cual introdujo en la escena italiana las atmósferasdramáticas y a menudo brumosas y violentas del Romanticismo que Riccardo Frizza puso espléndidamente en valor: su dirección aportó una tensión dramática ininterrumpida y siempre creciente a los pasajes más tópicos de la ópera italiana, con una música que renovaba los viejos esquemas. La cavatina de Percy es uno de los pocos momentos que podrían considerarse convencionales en la cual la tensión decrece, dado que Donizetti la compuso como homenaje al virtuosismo de Giovanni Battista Rubini, fallecido el cual la pieza se convirtió en algo prácticamente imposible para cualquier tenor, aunque en este caso René Barbera, pese a algún que otro sobreagudo algo dificultoso, salió indemne de la prueba.
El personaje de Anna se interpreta habitualmente como una mujer recluida en una noble melancolía y ya alejada de las pasiones del mundo, pero Maria Agresta la dotó de un carácter y de una energía indomables. Esta cantante, joven aún, conserva la luminosidad del registro central de sus comienzos, pero aparece ahora ya convertida en una auténtica soprano de agilidad y de fuerza y puede afrontar con seguridad los intrincados virtuosismos y los agudos temibles que se le exigen. Una actuación magnífica, quizá algo menos convincente al final probablemente debido a la fatiga causada por una parte larga y gravosa. En Carmela Remigio canto, dicción y sentido del texto propiciaron una interpretación memorable del personaje de Giovanna Seymour, dividida entre su devoción a la reina y el amor y la ambición que la empujan a los brazos de Enrique VIII, que también mereció en la voz de Alex Esposito una gran interpretación al exponer el porte violento e inclemente del hombre poderoso y sus debilidades, características que la historia ha transmitido fielmente. Martina Belli exhibió la voz y el físico exactos para el personaje en travesti del paje Smeton.
La dirección escénica de Andrea De Rosa acertó a crear la atmósfera opresiva que la ópera exige, situándola en una escena casi vacía y limitada por unas paredes negras sobre cuya infraestructura cuelgan los barrotes de una jaula, apuntando al hecho de que la corte de Enrique es también una prisión. La acción de los personajes quedaba reducida al mínimo indispensable y en concreto la protagonista era presentada siempre en espacios restringidos–en el primer acto, una cama rodeada de una reja y en el segundo una pequeña celda– y sus movimientos eran muy sucintos. Muy hermoso, por el contrario, el vestuario de Ursula Patzak, que reflejaba la moda de varios siglos, desde el XVI al XVIII. * Mauro MARIANI