Donizetti  LUCIA DI LAMMERMOOR
Olga Peretyatko, Juan Diego Flórez, George Petean, Jongmin Park, Lukhanyo Moyake, Virginie Verrez, Leonardo Navarro. Drección: Evelino Pidò. Dirección de escena: Laurent Pelly. 21 de febrero de 2019.
 
A pesar de contar con un genial Juan Diego Flórez y una correcta Olga Peretyatko en los roles protagonistas, la Lucía de Laurent Pelly no acabó luciendo lo suficiente en Viena // Wiener Staatsoper / Michael PÖHN 

Como era habitual, Gaetano Donizetti compuso Lucia di Lammermoor en un breve período de tiempo, pero a pesar de ello acertó a crear una de las obras cumbre de la ópera romántica italiana, rica en la melodía y plenamente ubicada en las rígidas estructuras belcantistas. La obra estuvo en el repertorio de este teatro hasta 1926 y volvió a él en 1978 con una Edita Gruberova triunfando en el papel protagonista. La producción se mantuvo hasta 2012, alineando a los mejores cantantes del momento como Alberti, Anderson, Bonfadelli, Damrau, Massis y Netrebko entre las sopranos y sin olvidar a tenores como Araiza, Beczala, Bergonzi, Bros, Carreras, Domingo y Kraus o barítonos como Lanza, Nucci, Pons, Sardinero y bajos como Colombara o Zapater.
Esta nueva producción procedía de Filadelfia, donde fue estrenada en 2018 y volvió a demostrar que con Dominique Mayer el repertorio abunda en escenificaciones poco felices. El regista francés Laurent Pelly, que había gustado mucho aquí con su Fille du régiment y que con su Cendrillon obtuvo también éxitos en Londres, Barcelona y Nueva York, parece estar más inspirado en obras de carácter cómico, porque ya con sus Contes d’Hoffmann no hizo el menor efecto y en esta Lucia puede incluso hablarse de auténtico fiasco. Con poca credibilidad teatral, los personajes se movían mal relacionados entre sí y los movimientos carecían de sentido. Lucia fue presentada desde el principio como una figura psíquicamente perturbada y deprimida, que caía al suelo con frecuencia, antes incluso de su acceso de locura. El vestuario –del propio Pelly– era en tonos oscuros, fiesta de esponsales incluida. La escenografía de Chantal Thomas, demasiado sobria, incluía un paisaje de invierno cubierto de nieve en el que Edgardo tiene que cantar “Tombe degli avi miei”.
También musicalmente la velada fue decepcionante. Evelino Pidò es una celebridad en el repertorio del bel canto que dispuso una lectura de cierta fluidez y acompañó bien a los cantantes, pero le faltó vigor para alcanzar una interpretación relevante de la partitura donizettiana.
Juan Diego Flórez cantaba por primera vez Edgardo en Viena –lo debutó en Barcelona– y lo hizo con un gran esplendor vocal, aunque casi siempre desde la boca del escenario, desde donde se le oía perfectamente, y su pulida emisión fue brillante y efectiva. Interpoló una serie de notas agudas si no especialmente difíciles sí totalmente efectivas, pero los matices de su canto no fueron lo mejor en su prestación.
También excelente fue la prestación de Jongmin Park (Raimondo), un cantante de gran calidad aunque le queda por definir su auténtico carácter. Olga Peretyatko es una soprano rusa de fama internacional, pero ya con Violetta o Gilda había dejado claro quelos sobreagudos no son su fuerte y en su parte donizettiana algunos de los más tradicionales le fueron ahorrados. Teniendoen cuenta que muchos de ellos no fueron escritos por Donizetti resulta legítimo, pero en todo caso su canto resultó monótono y la riqueza del esmalte no figuró entre sus virtudes. En su Escena de la locura estuvo acompañada por la glass harmónica que el compositor quería –pero que no obtuvo– para el estreno, con la cadenza habitual acortada y a cappella. George Petean, –único entre los cantantes que había ya participado en versiones anteriores–, no pareció estaren su mejor momento vocal como Enrico y aun incorporando algunos agudos no previstos no llegó a resultados brillantes. Lukhanyo Moyake fue un buen Arturo, Virginie Verrez una correcta Alisa y Leonardo Navarro un Normanno impecable. El coro cantó espléndidamente pero tuvo que sufrir una disposición escénica poco feliz.  * Gerhard OTTINGER