Teatro Pérez Galdós
VERDI  Don Carlo
Sergio Escobar, Rebeka Lokar, Giovanni Meoni, Varduhi Abrahamyan, Rubén Amoretti, Marco Spotti, Rihards Macanovskis, Abenauara Graffigna, Gabriel Álvarez, Aitana Sanz. Dirección: Sesto Quatrini. Dirección de escena: Alfonso Romero.  23 febrero de 2019.
 
Sergio Escobar, que debutaba el rol de Don Carlo en España, acaparó la atención del público. La soprano Rebeca Lokar y la mezzo Varduhi Abrahamyan también brillaron en este esperado regreso // Amigos Canarios de la Ópera / Nacho GONZÁLEZ 
 
Para el primer título de la 52ª Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria los Amigos Canarios apostaron por esta gran obra de Verdi, siempre arriesgada de llevar a escena con final feliz por lo complejo de su partitura y por el amplio reparto que requiere. Un reto tan difícil que en la historia del curso de ACO solo se ha apostado por ella en tres ocasiones, la última en 1992. A la vista del resultado, no cabe duda de que la espera ha valido la pena, pues la propuesta para este esperado regreso rozó el notable.
Figura indiscutible de este éxito fue la intervención del tenor Sergio Escobar, quien debutaba en este rol en España; a su ductilidad en todos los vericuetos de la partitura, se unía su bello timbre y su entrega escénica. Fue sin duda alguna la gran estrella de la noche, aunque cercana a esta perfección también estuvieron otros de los protagonistas, con una Rebeka Lokar siempre atinada en su fragilidad lírica, al igual que la impactante mezzosoprano Varduhi Abrahamyan, que aportó con carácter y entrega su atinada Éboli. De los otros intérpretes masculinos destacan, principalmente el barítono Giovanni Meoni, con una atinada emisión potenciada por una emocionante interpretación. El bajo Rubén Amoretti resultó igualmente acertado mientras el resto de comprimarios cumplía con eficacia.
El Coro de la Ópera de Las Palmas, con refuerzos principalmente masculinos del Coro de la Filarmónica, ofreció esa lección de calidad ya habitual en la formación. En la dirección musical Sesto Quatrini, marcó con elegancia los enrevesados contrastes de la partitura. Una vez más el escenógrafo Carlos Santos mostró sus aciertos en una propuesta eminentemente audiovisual que sirvió con eficacia los distintos escenarios dramáticos de la acción sin necesidad de cortes que alargan la representación. En solo dos actos, de unas tres horas de duración en total, resolvió la función. La complicidad con la iluminación de José Fernández –Txema–, contribuyó en el eficaz resultado.
De la regia se encargó Alfonso Romero sacando el juego que la trama ofrece en la mayoría de sus escenas y brillante en las intervenciones de masas. Muy buena aportación la del juego escénico de unos presuntos arqueólogos del presente que indagan sobre los restos materiales históricos de esa España que aún produce vergüenza y horror.  * Cayetano SÁNCHEZ