Bayerische Staatsoper 
Krenek KARL V 
Bo Skovhus, Gun-Brit Barkmin, Anne Schwanewilms, Janus Torp, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke. Dirección: Erik Nielsen. Dirección de escena: Carlus Padrissa (La Fura dels Baus). Nationaltheater, 10 de febrero de 2019.
 
El espectacular montaje de Carlus Padrissa junto a un elenco de nivel sirvieron para recuperar la tan poco representada ópera de Ernst Krenek // Bayerische Staatsoper / Wilfried HOESL 
 
Las óperas de Ernst Krenek (1900-1991) siguen siendo una rareza pese al éxito que algunas de ellas obtuvieron en los años previos a su exilio en Estados Unidos huyendo del nazismo. Karl V ocupa una posición singular ya que, nacida por encargo de Clemens Krauss para la Ópera de Viena, no llegó a estrenarse allí –pese a que los ensayos habían empezado– por culpa de la creciente influencia de las fuerzas reaccionarias, con lo que la première se realizó finalmente en 1938 en Praga, con Krenek ausente. Múnich solo la había representado en 1965, y esta nueva producción puede suponer un importante impulso para una obra fascinante. Considerada la primera ópera dodecafónica de la historia, Karl V, con libreto del propio compositor, presenta al emperador conocido en España como Carlos I en los últimos días de su retiro en Yuste. Ante su confesor, el monarca rememora su fracasado intento de crear un imperio cristiano universal, evocando némesis como Lutero o Francisco I de Francia, entre otras figuras históricas. Con una compleja estructura dramática que recuerda en ocasiones la técnica cinematográfica, Krenek combina de forma magistral pasado y presente con un lenguaje musical que, pese a su rigor, evita caer en excesivas arideces.
Pocas semanas después de estrenar T.H.A.M.O.S. en la cercana Salzburgo, Carlus Padrissa presentaba otra producción igual de potente y con la brillantez visual que es la marca de la casa de La Fura dels Baus. A ello unió algunos recursos clásicos (una masa de cuerpos en múltiples configuraciones) que, aliada en esta ocasión con la inspiración de la artista Lita Cabellut, responsable de los decorados, de la concepción audiovisual (espectacular arranque, con la transformación de La Gloria de Tiziano) y del vestuario (el aspecto más discutible, sobre todo la cresta que luce el protagonista).
Padrissa ilustra con agilidad la sucesión de escenas jugando con elementos simbólicos que refuerzan el sentido de la obra: los espejos en los que pasado y presente se reflejan, el agua que cubre casi todo el escenario y que unía las distantes tierras bajo dominio del emperador, el fuego de la discordia destructora, la esfera o globo que Carlos nunca consiguió unir.
Erik Nielsen condujo con mano firme, y siempre atento a la arquitectura de la obra, las espléndidas fuerzas estables de la compañía bávara, así como un extenso reparto. Karl V es un papel exigente, extenso, que requiere pasar del canto al recitado sin pestañear, y que encontró en Bo Skovhus un intérprete de enorme presencia vocal y dramática, que estableció además una óptima relación con su confesor, Juan de Regla, encarnado por el actor Janus Torp. Michael Kraus fue un Luther de generosa elocuencia, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke ofreció el necesario contrapunto ligero como Franz I., Gun-Brit Barkmin fue una incisiva Eleonore (solo se le puede achacar un agudo tenso), mientras que Okka von der Damerau (Juana la Loca) y Anne Schwanewilms (Isabella) dejaban huella en sus reducidas intervenciones.  * Xavier CESTER