Opéra Bastille
Berlioz  LES TROYENS
Stéphanie d’Oustrac, Michèle Loisier, Véronique Gens, Brandon Jovanovich, Stéphane Degout, Christian Helmer, Thomas Dear, Paata Burchuladze, Jean-Luc Ballestra, Tomislav Lavoie, Sophie Claise, Ekaterina Semenchuk, Aude Extrémo, Christian Van Horn, Bernard Arrieta. Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Dmitri Tcherniakov. 28 de enero de 2019.
 
Imágenes de la impresionante producción de Les Troyens firmada por Dmitri Tcherniakov estrenada en enero en París // ONP / Vincent PONTET 

La ONP programó esta nueva producción como parte de los festejos de los 30 años de existencia de la sede de La Bastille de la Opéra National de París que fue inaugurada el 14 de julio de 1989. Les Troyens, puesta en escena por Pier Luigi Pizzi, fue la primera producción de la sala parisina. Para redondear el acontecimiento, la ONP dedicó estas representaciones a Pierre Bergé, primer director de La Bastille.
El público volcó su emoción al final del relato hacia Stéphanie d’Oustrac (Cassandre); no podía haber sido de otra manera dada la fuerza, la justeza y la claridad que la artista confirió vocal y dramáticamente a su personaje demostrando ser capaz de llevar el drama al escenario. Stéphane Degout (Chorèbe), un valor muy seguro de la lírica francesa, le dio la réplica con aplomo, cortesía y hasta con una cierta distanciación, pero con acentos bien cincelados, timbre elegantísimo y seguridad en la expresión. La intervención final de Brandon Jovanovich (Énée), anticipó buenos momentos para la segunda parte de la velada. 
La escenografía, y la puesta en escena –ambas firmadas por Dmitri Tcherniakov–, mostraron en los dos primeros actos –conocidos como La prise de Troie– una ciudad actual, amurallada, poblada por gentes vestidas con uniformes vistosos y trajes haute couture y regentada por una familia de reyezuelos, todos viviendo en un mundo imaginario plasmado en revistas de papel satinado. Si el trabajo vocal de los miembros de la familia no fue excesivo, algunos roles como el de Hécube (Véronique Gens), fueron cantados por artistas de lujo. El trabajo dramático fue considerable y muy bien puesto en solfa por el director de escena. La escenografía de dimensiones impresionantes, con desplazamientos de elementos enormes sin que ningún ruido interfiriese con la orquesta, dio muestras de una propuesta que desplazaba la obra de su contexto original, pero que mantuvo lo esencial de la historia sin eludir eventos luctuosos de la actualidad.
Los últimos tres actos, Les Troyens à Carthage, contaron desde el principio con comentarios negativos por parte del público: si en La prise de Troie hubo un gran impacto visual, Tcherniakov redujo Cartago a un hospital con heridos, mutilados de guerra y enfermos mentales. La reina Didon era una pobre mujer trastornada, mientras Énée y sus amigos llegaban como nuevos inquilinos a la institución sanitaria. La apuesta era muy difícil, discutible y más que peligrosa. El regista la resolvió con inteligencia, imaginación y fría serenidad. La actuación general fue perfecta y los diálogos, tomados por momentos con ironía, respetaron siempre el sentido de la acción.
La mezzosoprano rusa Ekaterina Semenchuk estuvo a la altura del desafío en el papel de Didon, muy convincente, interpretando cada estado anímico de la (falsa) reina con aplomo, riqueza estilística y convicción. Brandon Jovanovich (Énée) confirmó sus cualidades vocales –fuerza, justeza, masculinidad, inmejorable prosodia– y se plegó a los requisitos dramáticos del director de escena con ciencia y arte. De entre los comprimarios cítense a Aude Extrémo (Anna), Michèle Losier (Ascagne) y Christian Van Horn (Narval).
Philippe Jordan dirigió con elegancia y mano de hierro una velada de dimensiones poco frecuentes, demostrando el interés de la ONP hacia el autor de la obra, no siempre presente en la memoria lírica del país y este año de aniversario. La orquesta permitió el lucimiento de los cantantes, los apoyó con gran tino y, por supuesto, se lució en los momentos sinfónicos. El coro asumió con coraje la aplastante parte vocal como pocas veces se habrá visto en la casa, al punto que, en el momento de los aplausos, Jordan fue a buscar al director del conjunto, José Luis Basso y situado en la segunda fila, en reconocimiento de su labor. Bergé debió agradecer la dedicatoria.  * Jaume ESTAPÀ