Teatro Verdi
Donizetti  LUCIA DI LAMMERMOOR
Marigona Querkezi, Alessandro Luciano, Alesandro Luongo, Andrea Comelli, Valeria Tornatore, Carlos Natale, Didier Peri. Dirección: Michael Güttler. Dirección de escena: Stefano Vizioli. 18 de enero de 2019.
 
La ópera de Donizetti revivió en Pisa con armónica de cristal en lugar de flauta en la Escena de la locura, utilizándose la edición preparada por Jesús López Cobos // Teatro Verdi de Pisa / Imaginarium Creative Studio
 
Normalmente el director no suele ser el protagonista de Lucia di Lammermoor, pero eso es precisamente lo que ocurrió en pisa con Michael Güttler. Habituado a dirigir repertorio alemán y ruso más qua italiano, no se limitó a acompañar a los cantantes dando a la orquesta una presencia más incisiva. Su prelación fueron los timbres oscuros, la variedad de atmósferas expresivas y, en las escenas de mayor fervor, los tempi apresurados, con todo lo cual su Donizetti, más que lírico o lánguido resultó enérgico y dramático. Más que el éxtasis o la locura amorosa, típicos del romanticismo italiano, aparecieron en primer plano las atmósferas turbias y violentas típicas del romanticismo centroeuropeo. ¿Por qué si no, en efecto, el compositor habría elegido una narración de Walter Scott? Güttler, por otra parte, sabía que podía intensificar timbres y dinámicas al tener a su disposición a la excelente Orchestra della Toscana.
Stefano Vizioli supo poner de relieve la opresión que el poder masculino ejerce sobre Lucia, ambientando la acción en la sociedad burguesa y capitalista de finales del siglo XIX, en la cual el dinero justifica cualquier tipo de acciones. Al igual que el director musical, también el regista supo subrayar el oscuro dramatismo de la obra y su ambientación nórdica, situándola en tenebrosos internos y en exteriores blanqueados por la nieve de los fríos inviernos escoceses.
Un espectáculo escenificado de manera tan inteligente y tan atentamente preparado no se vio muy perjudicado por la indisposición de la protagonista, sustituída por Marigno Querzeki, que llegaba a Pisa solo el día anterior a la primera representación. Es comprensible, por tanto, que se le viese un poco tensa en los momentos iniciales, pero su Lucia fue haciéndose con el papel en el curso de la representación. Su registro agudo, aunque ligeramente metálico, se mostró seguro y le permitió resolver sin agobios la escena de la locura, donde en lugar de la flauta se utilizó la armónica de cristal con ese sonido arcano e inmaterial que Donizetti quería. La elección de la edición preparada por Jesús López Cobos, por otra parte, fue otra prueba de respeto a los deseos del compositor. La joven soprano croata, por lo demás, se hizo apreciar por la expresividad en reflejar la desolación y el sufrimiento de la protagonista.
Alessandro Luciano es un tenor de buena escuela italiana que tiene gusto y sentido del estilo, pero que solo puede exhibir un volumen limitado, resultando en todo caso un buen Edgardo. La elección de un barítono especialista en Mozart y Rossini como Alessandro Luongo para el papel de Enrico resultó acertada al permitir mostrar toda la perfidia del personaje sin traicionar el estilo con subrayados excesivos. Muy bien asimismo el Raimondo del joven y prometedor Andrea Comelli. Un óptimo espectáculo y un éxito igualmente notable.  * Mauro MARIANI