GAZTAMBIDE  El sueño de una noche de verano
Raquel Lojendio, Luis Cansino, Beatriz Díaz, Santiego Ballerini, Javier Franco, Pablo López. Dirección: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección de escena: Marco Carniti. 25 de enero de 2019.
 
Raquel Lojendio, que interpretó a la Reina Isabel, elevó el nivel de un montaje que no llegó a cuajar del todo // Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
 
“Los sueños, sueños son”, escribió Calderón de la Barca. Los sueños a veces deberían permanecer en el imaginario sin la necesidad de descender a la realidad. Este mundo onírico de El sueño de una noche de verano ideado por un hombre del arte como fue Gustavo Tambascio, fallecido el pasado año, fue concebido en el Teatro de la calle Jovellanos de una manera un tanto plúmbea. A pesar de no ser una tarea fácil concebir esta obra guiándose con las anotaciones de Tambascio, la readaptación del libreto no llegó a cuajar debido al cóctel de personajes destilando continuamente un humor entre burlesco y enrevesado. La proyección escénica de Marco Carniti intentaba hilvanar el argumento con un movimiento escénico discordante y tópico, sin más, encuadrado en una acertada escenografía de Nicolás Boni e iluminación de Albert Faura.
Cabe destacar el magnífico vestuario de Jesús Ruiz que recorrió varios siglos en un abrir y cerrar de ojos. La misión de recuperación del patrimonio musical español siempre es digna de alabanza, pero no siempre se da en la diana en este propósito. Joaquín Gaztambide tiene páginas musicales brillantes pero su Sueño no está a la altura de su repertorio escuchado en el coliseo zarzuelístico en pasadas temporadas como El Juramento, El estreno de un artista o Catalina.
Miguel Ángel Gómez Martínez cuidó al detalle la simbiosis entre escena y foso siendo un guía fundamental para la obra, al frente de una orquesta que sonó muy precisa. En el escenario sobresalió la polifacética soprano Raquel Lojendio que reunió todas sus maravillosas virtudes canoras e interpretativas (¡con escena de baile en puntas incluida!) dando vida al personaje de la Reina Isabel. Su compañera en escena, Beatriz Díaz, infundió al personaje estilo y seguridad manifestando excelentes cualidades vocales. El tenor Santiago Ballerini, de voz homogénea y timbrada, no llegó a convencer acentuando una desmesura interpretativa y canora carente de equilibrio. Luis Cansino como Fálstaf mostró una buena prestación en tono cómico manteniendo el pulso de la obra en todo momento, al igual que Javier Franco que rindió a un buen nivel en el plano vocal e interpretativo.  *Isabel IMAZ