St James’s Church Piccadilly
Puccini  TOSCA
Nadine Benjamin, Borja Gómez-Ferrer, David Durham, Nico Laruina, Simon Butteriss. Dirección: William Conway. Dirección de escena: Rebecca Louise-Dale.  18 de enero de 2019.
 
La St James’s Church del barrio de Piccadilly, en Londres, acogió una reducida versión de Tosca contando con el español Borja Gómez-Ferrer como Cavaradossi // Everybody Can! Opera / Y4 media 
 
En una Inglaterra fascista, en la cual los jóvenes idealistas son perseguidos y los inmigrantes marginados, la policía es dirigida por un corrupto y sádico jefe. Hay ocasiones en las que ideas artísticas traen a la luz aspectos de la obra que resultan reales y actuales. En esta propuesta la historia puicciniana se desarrolla en un ambiente represivo, en el que al pastorcillo le sustituye una joven refugiada. Es el mismo ambiente en el cual un joven artista trata de ganarse la vida pintando. Aquí ni Cavaradossi es un gran artista ni Tosca una gran cantante y el salvoconducto salta de Civitavecchia a la City de Londres. Scarpia es un sádico que se sentía cómodo abusando y violando mujeres y hombres, representación del abuso de poder. 
 
La producción de Rebecca Louise-Dale despertaba la imaginación del espectador. La muerte de Cavaradossi no era teatral sino tratada como real, y el joven tenor español Borja Gómez-Ferrer no sabía qué hacer frente a la muerte, era el anti-héroe. Había algo conmovedor en el aire, y algo cercano a la verdad. Pero Tosca hay que cantarla y hay que tocarla. Para ello se contó con una joven soprano, Nadine Benjamin, que está haciendo una carrera medida y cuidadosa. Ya vista como una excelente Desdemona, ahora añade Tosca a su repertorio con voz fresca y sin vicios, sonando libre en la acústica de esta Iglesia tan musical, donde hasta Sviatoslav Richter tocó. Como integrante del programa de cantantes de la English National Opera, tendrá muchas oportunidades de incrementar su repertorio. Gomez-Ferrer posee una voz que parece débil, pero que en realidad contiene todas las notas, seguras y bastante equilibradas. Cantó “È lucevan le stelle” con buena linea, fraseo y mucho sentimiento. David Durham fue un inmenso Scarpia, su mera presencia elevaba el espectáculo teatral, sus gestos eran medidos recreando un hombre astuto víctima de sus vicios; posee una voz curiosa, bien del forte al fortissimo, débil en el registro mas grave. Usando una orquesta y partitura reducidas, se pudo escuchar cada línea melódica claramente, y resultó un buen ejercicio auditivo. William Conway mantuvo un buen nivel musical entre los cantantes y los solistas instrumentales. El público brindó entusiastas ovaciones a los participantes, y como esto es en Inglaterra, Scarpia fue muy abucheado.  * Eduardo BENARROCH