Deutsche Oper
Bellini. LA SONNAMBULA
Ante Jerkunica, Helene Scheidermann, Venera Gimadieva, Jesús León, Alexandra Hutton. Dirección: Stephan Zilias. Dirección de escena: Jossi Wieler, Sergio Morabito. 26 de enero de 2019.
 
La contemporaneidad del montaje de Jossi Wieler y Sergio Morabito hizo que el director musical Diego Fasolis abandonara la producción a pocos días del estreno // Deutsche Oper Berlin / Bernd UHLIG 
 
Una hermosa campesina y un joven que, en esta producción, se parece a Berlusconi en sus años mozos, preparan su boda. En vísperas del desenlace aparece un atractivo conde y la doncella termina en su cama. El desenlace, sin embargo, es feliz. Amina recupera a su Elvino y los suspicaces lugareños terminan aceptando que hay un trastorno del sueño llamado sonambulismo. Suena como una típica ópera italiana del siglo XIX, mucha melodía, arias pegadizas y comedia. El melodrama La Sonámbula es sin embargo más profundo y poético de lo que sugiere la trama, algo cursi.
Dos óperas de Vicenzo Bellini se representan de forma habitual en los teatros de todo el mundo desde sus estrenos en Milán: Norma y La Sonnambula. La Deutsche Oper ha elegido un camino interesante. En lugar de encargar para esta temporada una completa nueva producción, pidió a los registas Jossi Wieler y Sergio Morabito repetir, con cambios si lo deseaba, La Sonámbula que presentaron, con enorme éxito de público y de crítica, en 2012 en Stuttgart. Su estreno en Berlín el pasado enero de esa producción produjo la misma reacción. Wieler y Morabito sitúan la trama en la década de 1950, en un gran salón comunal con grandes mesas plegables de madera, bancos y armarios contra la pared. El público alemán aprecia esa austeridad en la ópera, cuanto menos trasiego en escena, más disfrute de la orquesta y de las voces. 
La esbelta soprano australiana Alexandra Hutton, vestida con un jersey de angora de segunda mano y una falda no menos destartalada, resultó tan divertida en escena que hasta se le perdonaron algunos desequilibrios vocales. Su colega rusa Venera Gimadieva, en el papel protagonista, no lo tuvo tan fácil. Los amantes de la coloratura tienen a Callas grabada en los oídos y en el alma. Gimadieva, sin embargo, estuvo a la altura. Ofreció una Amina muy loable, produjo notas de alta calidad, oscuras, delicadas y a destajo. El rol de Elvino lo interpretó el mexicano Jesús León; sus habilidades vocales no pusieron el público a sus pies porque su voz es demasiado ligera, poco sustancial y con timbre algo metálico. León, aunque salió airoso de su famosa aria, contaba con un rival de excepción, el bajo croata Ante Jerkunica (Rodolfo), uno de las nuevas estrellas del panorama internacional. Elegante, con tonos profundos, oscuros, aterciopelado, Jerkunika fue ovacionado. La soprano Helene Schneidermann en el papel de Teresa, madre recta y pragmática con el dinero, cantó como siempre lo hace: ella es una carta segura, lo mismo que el coro de la Deutsche Oper, un conjunto homogéneo, con voces excelentes y desde el punto de vista dramático extraordinariamente maleable.
Salvó el estreno el joven director Stephan Zilias, aunque impuso tempi algo farragosos. Zilias asumió la obra a ultimísima hora, tras la decisión de maestro Diego Fasolis, a quien había asistido durante los ensayos, de abandonar la última prueba por razones artísticas.  * Cocó RODEMANN