Opéra National
Janácek  DESDE LA CASA DE LOS MUERTOS
Willard White, Pascal Charbonneau, Stephan Margita, Micky Spence, Ivan Ludlow, Alexander Vassiliev, Graham Clark, Natshsa Petrinsky, Dimitry Szemeredy. Dirección: Alejo Pérez. Dirección de escena: Krzystof Warlikowsky. 21 de enero de 2019.
 
Krzystof Warlikovsky llevó a la Opéra National de Lyon su particular visión de esta obra maestra de Janácek // Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH 

Desde la casa de los muertos es la décima y última ópera de Janácek, inspirada en la obra de Dostoievsky y ambientada en un presidio de Siberia. En ese lugar de degradante concentración humana en el que afloran los más bajos instintos del género humano y en el cual abundan los asesinos, la música de Janácek permite infundir la esperanza de que “todo ser humano, incluso el más monstruoso, lleva en sí una chispa divina”. Una obra dura, en síntesis, que sin embargo abre la puerta a la ternura y al lirismo.
Krzystof Warlikovsky optó en su propuesta por poner en escena una prisión lo más neutra e impersonal posible, según el concepto de que la reclusión y todo lo que ello significa representa un perjuicio para cualquier ser vivo en todo tiempo y lugar. En el primer acto se sitúa la acción en el patio del recinto donde un niño juega a la pelota y al que acuden otros gesticulantes prisioneros. Sus movimientos violentos son escenificados como un ballet perfectamente reglado, pero por desgracia sus gritos se escuchaban más fuertes que la música. Es de lamentar, en cualquier caso, que esa magnífica concepción de los vídeos de Michel de Foucault coincida con la música y desconcentre la escucha. Es de admirar que el trabajo de grupo de la quincena de cantantes acierte a formar un todo unitario tanto en el canto como en el movimiento, con una energía fascinante y admirablemente pautada.
En una escenografía sucesiva se organizan unos festejos con la presencia de representantes de la administración, el Estado y la Iglesia. Algunos presos representan una obra de teatro para un público que incluye a alguna llamativa prostituta. Se bebe en abundancia y surgen las confesiones de miedos y dolores, en una secuencia muy bien lograda. Pronto, sin embargo, regresarán todos a sus torpezas y a sus acciones agresivas. Desaparece todo calor humano, salvo en el caso del preso político (que es liberado al final) y de su discípulo. La acumulación de horrores acaba por afectar a la capacidad del público para la emoción y el interés, lo que lleva fatalmente a la indiferencia.
Por suerte, la partitura fue muy bien servida por los excelentes coros de la casa y la dirección de Alejo Pérez, que supo conjugar la precisión rítmica y armónica con la sensibilidad del compositor. Entre los protagonistas cabe destacar al bajo Willard White, de timbre cálido y poderoso, y a los dos tenores, Pascal Charbonneau y Stefan Margita, complementarios en sus timbres, junto al bajo Alexander Vassiliev.  * Teresa LLACUNA