Nationaltheater
Monteverdi  MARIENVESPER
Amelia Scicolone, Nikola Hillebrand, Anna Hybiner, Kristofer Lundin, Joshua Whitener. Dirección: Jörg Halubek. Dirección de escena: Calixto Bieito. 25 de enero de 2019.
 
Calixto Bieito realizó en Mannheim un actualización en clave contemporánea de las Vespro della Beata Vergine de Monteverdi, con su sello inconfundible // Nationaltheater Mannheim / Hans Joerg MICHEL
 
Calixto Bieito continúa llevando a escena obras de carácter religioso no pensadas para el teatro, definidas por él mismo en el programa de mano como “poemas para voces y cuerpos” que le ofrecen una mayor libertad que las piezas con un contenido dramático más concreto, menos abierto. Pese a estos parámetros, los Vespro della Beata Vergine de Monteverdi –o Marienvesper tal como anunciaba el Nationaltheater de Mannheim– suponen una selección singular, ya que, en parte, no dejan de ser un fastuoso inventario de técnicas musicales con el que el compositor quería mostrar sus habilidades. El nexo de unión es la virgen María y es, justamente, la figura femenina y la maternidad el eje de una propuesta con momentos hipnóticos.
El decorado concebido por Bieito y diseñado por Anna-Sofia Kirsch sitúa al espectador en un ambiente a medio camino del templo (el ábside del fondo) y un centro comunitario, con una pasarela rodeando la orquesta. La comunidad que lo puebla parece surgida, a juzgar del vestuario de Anna Eiermann, de la década de 1970, de la infancia del propio director, con gentes de todas las edades y condiciones, entre las que destaca una joven vestida de blanco, María, centro de la propuesta. También hay espacio para un grupo de niñas en vestido de comunión vigiladas por un hombre a medio camino entre la sotana sacerdotal y la falda de institutriz que generan algunas de las imágenes más potentes. Con su proverbial habilidad para sacar el máximo provecho del talento de sus intérpretes, Bieto crea algunas escenas sugestivas, como la soledad de la mujer incapaz de concebir y que finge su embarazo, en una progresión no sin algún altibajo que culmina en un Magnificat luminoso en el que la joven María ocupa el centro de la atención.
El conjunto Il Gusto Barocco bajo la atenta dirección de Jörg Halubek ofreció un sonido de rica variedad, dando un óptimo apoyo a un ajustado equipo de solistas. Destacaron la pureza tímbrica de las sopranos Amelia Sciociolone y Nikola Hillebrand y la elocuencia del bajo Patrick Zielke en las antífonas. Un coro de teatro de ópera no tiene la precisión ni el rigor estilístico de las formaciones especializadas, pero solo los más puristas no se dejarán llevar por el fervor comunicativo de la formación de Mannheim.  * Xavier CESTER