Händel  SEMELE
Cecilia Bartoli, Frédéric Antoun, Katarina Bradic, Deniz Uzun, Nahuel Di Pierro, Christophe Dumaux, Rebeca Olvera. Dirección: William Christie Dirección de escena: Robert Carsen. 8 de enero de 2019.
 
Cecilia Bartoli volvió a brillar en la producción de Semele de la Opernhaus de Zúrich. La mezzosoprano demostró que continua en plena forma // Opernhaus-Zürich / Suzanne SCHWIERTZ
 
Y de nuevo con Cecilia Bartoli se hizo el milagro. Con estas funciones, la mezzosoprano romana celebró el jubileo de sus 30 años en el escenario de Zúrich, junto a un memorable concierto teatralizado. En esta Semele, Bartoli desplegó todos los recursos que hoy tiene en su haber y, ciertamente, más allá de la pirotecnia de "Myself I shall adore" –casi una parodia de ella misma y de su espectacularidad técnica– supo conmover por esa refinada y sentida musicalidad en "O sleep, why dost thou leave me", donde la emotiva simplicidad es el eje principal. Es ahí donde reside la grandeza de Bartoli: de lo más simple hace algo grande.
Y grande fue también William Christie frente a La Scintilla, el conjunto de época de la Opernhaus, quien condujo este oratorio händeliano que quiso ser ópera pero no pudo por estrenarse en cuaresma, de manera magistral. Desde la obertura, vibrante, majestuosa y con una sonoridad de altísima clase, hasta el conclusivo "Happy Shall we be", con un inspiradísimo coro. El director norteamericano, que tuvo que bisar dirigiendo desde el escenario con rosa en mano en vez de batuta, desgranó hasta la máxima pulcritud una partitura nada fácil, y llevó a la formación a cotas de calidad elevadísimas.
La producción de Robert Carsen, que Bartoli estrenó en 2007, es de una teatralidad conmovedora, trasladando la acción a un espacio contemporáneo pero impreciso, en el cual los dioses son emperadores y Semele es la codiciosa amante que cae en las redes de la celosa emperatriz. Una hoguera de vanidades en la que cada uno mira para sí mismo y que conduce al desdichado final.
Del resto del sólido reparto destacó especialmente Katarina Bradic (Juno) que presumió de un registro amplio, excelente técnica y sinuosa teatralidad y pudo brillar especialmente en "Hence, Iris, hence away". A su lado, la soprano mexicana Rebeca Olvera (Iris), habitual de la casa, también llevó a cabo una intervención muy sólida y destacó especialmente en "With adamant the gates are barr'd". Deniz Uzun, mezzosoprano que salió del Opera Studio y que posee una sólida técnica y un timbre carnoso y homogéneo, ofreció una Ino de mucha calidad. Por su parte, el reparto masculino sufrió de alguna irregularidad, en el que destacó muy positivamente el bajo argentino Nahuel di Pierro, en el doble rol de Cadmus/Somnus gracias a una segura y precisa prestación. No fue así el Athamas del contratenor Christophe Dumaux, con una proyección deficiente y una técnica irregular que desdibujaría sus prestaciones. Algo similar le ocurriría al Jupiter del tenor canadiense Frédéric Antoun, que al no contar con una sólida técnica, no pudo llevar a buen puerto sus intervenciones, desdibujando el fraseo y, por ello, la musicalidad; "Come to my arms" resultó decepcionante por una coloratura aproximada e irregular que le hizo perder el eje musical. Tampoco convenció en el gran accompagnato "Ah! whither is she gone!", en el cual debe conmover por una exquisita musicalidad, y resultó plano y carente emoción. Sin embargo, todo ello no pudo embrutecer una función para el recuerdo.  * Albert GARRIGA